Arquitectura y Artes Gráficas

Rojo: de la púrpura al ladrillo

Arquitectura y policromía en las colecciones del museo de Orsay

Salas 17 y 21

Gabriel-Auguste AnceletPórtico del macellum, Pompeya© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
Entre la blancura de la arquitectura neoclásica de la segunda mitad del siglo XVIII y la sobriedad cromática elegida por los arquitectos modernistas del siglo XX, el siglo XIX se muestra como un paréntesis en el que la policromía arquitectónica experimentó su apogeo. Este regreso al color se fomentó gracias a la aparición de descubrimientos arqueológicos que, desde el yacimiento de Pompeya a los frescos romanos de Saint-Savin, destacaron su importancia en las arquitecturas antiguas y medievales. Es el arquitecto Jacques Ignace Hittorff (1792-1867) a quien corresponde la conversión de la policromía en un punto central del debate arquitectónico gracias a su ensayo La arquitectura

policromada y los griegos (1830), obra que la Academia cuestiona con vehemencia. Más allá del debate arqueológico, el color representa, en el siglo XIX, una manera de renovar el diseño del espacio y el decorado arquitectónico. Además de una nueva fantasía ornamental, el color permite a los arquitectos liberarse de la teoría clásica de la imitación y reconsiderar la relación entre arquitectura y naturaleza. El rojo, el color primario sin duda más utilizado en la arquitectura, sirve de hilo conductor.

Debido al coste de los pigmentos necesarios para su producción, especialmente la púrpura, el color rojo se ha asociado históricamente con la riqueza y el poder. Esta importancia simbólica explica su omnipresencia en las arquitecturas del pasado que redescubren los arquitectos del siglo XIX. Los estudios y los trabajos de restauración destacan el papel de la policromía en la antigüedad grecorromana, pero también en la egipcia o la asiria, así como en la Edad Media o incluso en sociedades no occidentales. Estos estudios, ampliamente difundidos gracias al desarrollo de la edición, se benefician de la creación a principios del siglo XIX de un nuevo método de reproducción de grabado en color: la cromolitografía. Este contexto fomenta una importante producción arquitectónica, donde el historicismo se renueva mediante la fantasía colorida de los ornamentos. Esta policromía se adentra en los interiores, pero plantea problemas de aplicación cuando se trata de arquitectura exterior donde la pintura demuestra ser poco duradera. La asociación entre color y ornamento suscita también algunas críticas, de orden teórico, cuando el ornamento omnipresente enmascara la arquitectura.

A partir de la década de 1840, la industrialización de los procesos de fabricación del ladrillo y los

ornamentos de barro cocido favorecerá el empleo de estos materiales que permitirán a los arquitectos encontrar una solución sencilla y económica

a los problemas que plantea la duración del color arquitectónico en los climas lluviosos. Su uso se debe, en gran medida, a los prestigiosos modelos de la arquitectura romana, así como a los de la arquitectura francesa y holandesa del siglo XVII. Su desarrollo se basa también en el éxito de las exposiciones universales, lugares de promoción de la industria, cuyos edificios son el mejor testimonio de la calidad estética de estos materiales. Permiten la implementación de una arquitectura colorida basada en la diversidad de los materiales y en el

respeto por los mismos, así como por la estructura arquitectónica, alejándose

de la teoría de la imitación, que permite la creación de un nuevo vocabulario

ornamental, liberado de la copia y simplificado.

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El estilo griego o "el orden heroico"

Fondo de la nave

dibujo
Louis BoitteAtenas, Propileos© RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
Los ganadores del premio de Roma de arquitectura fueron autorizados a visitar Grecia a partir de 1845. Antes, los alumnos debían visitar el sur de Italia o Sicilia (Gran Grecia) para estudiar la arquitectura antigua.

"El orden" es la configuración de una columna (parte vertical) y de un entablamento (parte horizontal); constituye el principio constructivo del templo griego. Su declinación en estilo dórico, jónico y corintio nunca pudo ser explicada. Pero su posteridad es única: desde el Renacimiento hasta nuestros días, teóricos de la arquitectura, arquitectos y alumnos utilizan este lenguaje en sus referencias arquitectónicas y ornamentales.

Vitruvio (I siglo antes de Cristo) define el orden en cinco criterios: ordenación , disposición, proporción, decoro y distribución. El hombre y sus partes constituyen el módulo de referencia. Esto puede explicar la sensación de perfección que se desprende de este estilo, que será heroizado en el siglo XIX, desde el neoclasicismo hasta el "clasicismo estructural" de los hermanos Perret.

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