Musée d'Orsay: Bonnard/Vuillard. La donación Zeïneb y Jean-Pierre Marcie-Rivière

Bonnard/Vuillard. La donación Zeïneb y Jean-Pierre Marcie-Rivière

Museo de Orsay, sala 9, nivel 0

Edouard VuillardMujer joven© Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
El museo de Orsay presenta los cuadros de la donación de Zeineb y Jean-Pierre Marcie-Rivière, consentida en el año 2010 y cuyo usufructo quedó habilitado luego del fallecimiento de Jean-Pierre Marcie-Rivière el 6 de enero de 2016. Debido a la fragilidad de las dibujos frente a la luz, esta colección no se puede presentar de forma permanente.

Esta liberalidad constituye un evento mayor en la historia de las colecciones públicas francesas, que coincide con la celebración de los treinta años de la inauguración del museo.

La donación incluye 25 cuadros y 94 dibujos de Bonnard; 24 cuadros, 3 pasteles y 2 dibujos de Vuillard. Iniciada en la década de1960 por André Levy-Despas, el primer marido de Zeineb Kebaïli, la colección fue continuada durante más de cuarenta años por Zeineb y Jean-Pierre Marcie-Rivière.
Expresa una preferencia por los temas íntimos y las composiciones misteriosas, que a veces rozan el hermetismo o la caricatura. Veladas musicales, retratos realizados en el momento, interiores con personajes y escenas urbanas dan prueba de las estrechas relaciones entre Bonnard y Vuillard en la época de los Nabis. Cuadros de la madurez de ambos artistas completan este conjunto de obras creadas en la década de 1890.

Edouard VuillardLa Velada musical© Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
Durante la década de 1890, Bonnard y Vuillard se interesan en los mismos temas, con una predilección por las escenas intimistas que retratan sus universos familiares.
Adoptan un estilo sugestivo, a veces similar, al punto que a menudo se los confunde. La ubicación de las obras en la sala juega con estas similitudes, aproximando sus cuadros.

En los decorados que evocan salones burgueses contemporáneos, los muebles y los accesorios juegan un rol central respecto a los personajes en segundo plano.
El fundido, recorrido por motivos iluminados por luz artificial, evoca el teatro simbolista de vanguardia al cual Bonnard y Vuillard eran adeptos en la década de 1890. Sus interiores saturados de coloridas vibraciones representan escenas ibsenianas encarnadas por miembros de sus familias o por sus amigos.

Los formatos pequeños privilegiados por Bonnard y Vuillard permiten concentrar la atención del espectador en los minúsculos gestos cotidianos, traducidos por la taquigrafía del pincel. Apoyándose en la observación de la interpretación de actores, Vuillard logra en algunas pinceladas capturar la suavidad del caminar de la actriz Marthe Mellot, la curvatura de su espalda, la extravagancia de su sombrero.

La pasión de Bonnard y de Vuillard por la vida parisina coincide con la experimentación de su libertad artística en una ciudad en plena efervescencia. Transcriben sus observaciones a partir de sus recuerdos y bocetos rápidos, que luego reinterpretan en el taller.
Las escenas en la calle de Bonnard transmiten su fascinación por el espectáculo de los bulevares. Aislando motivos del frenesí urbano, captura el paso apurado de una lavandera y retrata, con ternura e ironía, el encanto de elegantes mujeres frente a su fugaz belleza.

Pierre BonnardPerro en la terraza© Adagp - Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
La inspiración del pintor fluye de sitios familiares como su casa en Grand-Leps en Isère, en la cual trabaja durante el verano. Viviendo entre Normandía y el Mediodía, no deja de pintar su «jardín salvaje», que domina el Sena.
La Costa Azul, que Bonnard visita a menudo a partir de 1906, se convierte en el marco de escenas arcadianas presentes en las decoraciones que realiza para su mecenas Ivan Morosov (Estudio para La primavera). La belleza sublime de los paisajes, la efervescencia de la luz solar, la vegetación exuberante conducen al pintor a una interpretación lírica y colorida de la naturaleza.

«El dibujo es la sensación»
Bonnard dibujó toda su vida. Siempre lleva consigo un carnet de bocetos o pedazos de papel y un lápiz para registrar en el momento sus impresiones del mundo que lo rodea.
Encuentra sus motivos en su vida cotidiana, al igual que las proporciones y la composición del cuadro que será, por su parte, realizado de memoria en el taller, a partir de un boceto. A través de sus dibujos, Bonnard busca capturar la frescura de la sensación experimentada durante la observación. De este proceso surge su definición paradojal: «el dibujo es la sensación; el color es la razón. »

El artista invierte el enfoque académico, que asocia dibujo e idea preconcebida: en su caso, el dibujo es espontáneo, libre y dinámico. El artista dibuja con soltura, disfrutando del descubrimiento visual y de las sensaciones que provoca en él.
No busca la pureza de la línea sino la «expresión de las líneas», que reproducen rápidamente una impresión imprevisible e intensa.

Pierre BonnardDesnudo agachado en la tina© Adagp - Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
«La naturaleza ha sido una gran fuente de inspiración»
Casi un tercio de los dibujos de la donación Marcie-Rivière son paisajes, y la mayoría provienen de carnets y álbumes. Los paisajes de Bonnard están relacionados con lugares que ama y conoce bien: Grand-Lemps, casa familiar en la provincia de Dauphiné en la cual suele vacacionar junto a sus sobrinos y los hijos de la familia Terrase; Vernonnet y Trouville, en Normandía, la Costa Azul, Saint-Tropez, Grasse, Antibes y Le Cannet.
Necesita confrontarse a la naturaleza y comprender un país y un paisaje para poder dibujarlo. En sus agendas, anotaba periódicamente el estado del clima, para recodar la luz del día en el cual realizaba sus dibujos. «Hago los bocetos en el exterior, apenas encuentro un efecto de luz, un paisaje o una atmósfera que me fascina».
Sus dibujos transmiten su exaltación y su admiración por la naturaleza, que edifica monumentos de vegetación y nubes. Con refinada pasión transcribe el mundo como lo siente, utilizando líneas dinámicas y vibrantes, rápidas o marcadas, libres de la estética y de lo pintoresco.

Compañeras, amantes, modelos conocidas o anónimas, las figuras femeninas presentes en los cuadros de Bonnard y de Vuillard son testimonio de episodios de su vida sentimental. De los desnudos radiantes inundados de luz de Bonnard a los personajes fantasmales de Vuillard, estas mujeres pueblan las páginas de un diario íntimo que se revela en sus obras.
Toulouse-Lautrec, Vallotton, Bonnard y Vuillard estaban fascinados por la personalidad de Misia Godebska, una música con un encanto irresistible que era la esposa del director de La Revue blanche, Thadée Natanson. Vuillard realizó su retrato en una época en la cual la joven, afligida y deprimida, estaba a punto de separarse de su marido.
A pesar de que Marthe, amante y luego esposa de Bonnard, aparece en varios de sus cuadros desde su encuentro en 1933, no era la única mujer en capturar la atención del pintor. Su delicada figura es reconocible en las obras Desnudo agachado en el baño y Desnudo con guante azul.

Edouard VuillardIntérieur de salon de thé, Le Grand Teddy© Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
Vuillard prefiere observar sus modelos a distancia, en la intimidad de sus interiores. Le interesan las interacciones - conversaciones, comidas, lecturas - y las relaciones entre las figuras con los objetos y con el espacio que las rodea, que no duda en deformar con una visión de ojo pez.
Otorgando poca importancia a los detalles, construye sus composiciones con ayuda de manchas de colores y de formas acopladas. La técnica de la pintura a la cola, en la cual los pigmentos se aplican en finas capas superpuestas o trazos que no pueden revertirse, favorece una interpretación sugestiva del motivo.

A partir de 1899, el desnudo se convierte en un tema mayor en la obra de Bonnard. Entre 1903 y 1910, pinta más de cincuenta desnudos directamente basados en modelos, continuando con sus pinturas realizadas de memoria a partir de dibujos esbozados en directo.
En la década de 1910, cambia su método de trabajo y prepara sus pinturas de desnudos con dibujos, para liberarse de la influencia del color. Alarga sus figuras, inspiradas en su mayoría por Marthe, su modelo preferida.

Los desnudos no tienen poses académicas sino actitudes ligeramente inestables y descentradas, que recuerdan las fotografías instantáneas tomadas por el artista en esta época y que eran utilizadas como soporte para los dibujos. Bonnard descompone con audacia sus desnudos para adaptarlos a la composición general, buscando un equilibrio en el cual los objetos, el espacio y la figura se interpenetran.

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