


Cuando fue decidida la creación de un museo, en la estación de Orsay, dedicado a las diversas expresiones artísticas nacidas entre 1848 y 1914, la arquitectura encontró naturalmente su lugar, como si hubiese sido objeto de museo desde siempre y que su presentación que no plantease ninguna dificultad. Cuando estaba, y sigue estando, muy levemente presentada en los museos existentes.
La originalidad del museo reside sobre todo en la integración de una sección arquitectónica en un recorrido que presenta demás formas artísticas, cuya lectura es muy diferente. Hemos intentado pues trabajar buscando los paralelismos, las correspondencias, las interacciones, elaborando un programa que tuviese en cuenta todas las diversidades, pero también todas las proximidades de un periodo excepcional.El propio museo, emanación de la estética y de las técnicas del siglo XIX, se presta a la evocación de las obras reclamadas por las condiciones de la vida moderna, como a la de la diversidad de los materiales utilizados y la aportación de la industria en la elaboración de nuevos programas. La arquitectura se beneficia aquí de espacios permanentes. Resultaba imposible ilustrar las grandes transformaciones llevadas a cabo por Napoleón III° y el prefecto Haussmann, que proporcionaron a París su rostro de capital moderna. De modo que hemos optado por privilegiar uno de los edificios emblemáticos del Segundo Imperio, acabado por la Tercera República: la Nueva Ópera de París, construida por Charles Garnier de 1863 a 1875. Toda una generación de artistas, pintores, escultores, decoradores y ornamentistas ha colaborado aquí, y este modelo influencia de modo duradero la arquitectura occidental.
Una política de compras más puntual ha logrado obtener algunos notables dibujos de artistas franceses o extranjeros: Palacio de la industria de Berthelin (1979), Nueva Ópera de Crépinet (1983), Monumento a la gloria de la Revolución francesa de Lheureux (1981), proyecto de Niedecken, arquitecto que trabajaba con Franck Llyod Wright, para la casa Irving (1985), junto con legajo completos de un gran interés como aquel de Gosset para la Basílica Santa-Clotilde de Reims y el Teatro de Reims (1985) o los proyectos de Alfred Vaudoyer para la calle de las Naciones de la Exposición universal de 1878 (1986).
Concursos, encargos públicos y privados se multiplican con el fin de responder a las transformaciones de las ciudades y de la vida. Muchos proyectos de teatros y de óperas (La Gaîté por Alphonse Cusin, maqueta del teatro de la puerta San-Martín, proyectos de Alphonse-Nicolas Crépinet para la Nueva Ópera, de Ernest Lheureux y de Henri Schmit para la Ópera cómica), estaciones, mercados (Mercado de ganado de Garnier), iglesias (dibujos de Lassus, Léon Ginain, Alphonse Gosset…), lugares del conocimiento (escuelas y facultades; Reconstrucción de la Sorbona por Alphonse Defrasse), monumentos conmemorativos (fondos Jean Camille Formigé, Henri Nénot), bibliotecas, grandes almacenes, fábricas, permiten una evocación de la fiebre arquitectónica que se había amparado de la época.
Verdaderos laboratorios arquitectónicos, las exposiciones universales ritman la vida de las grandes naciones a partir de 1851, cuando abre en Londres el primer acto de este tipo que se celebra en Francia casi todos los once años a partir de 1855. Constituye para los arquitectos el motivo de demostrar su maestría técnica y decorativa ¡Se permite todo! A las dibujos de Max Berthelin para el Palacio de la Industria de 1855, a los fondos Eiffel, se han adjuntado los admirables bocetos de Jean Camille Formigé, integrados en 1991 y 1992, dedicados principalmente a los palacios de Bellas Artes y de las Artes Liberales, erigidos en el Champ de Mars en 1889 y a sus proyectos para la Exposición de 1900. También encontramos dibujos relativos a su trabajo en el Ayuntamiento de París, y a su interés por la arquitectura funeraria; fue en efecto el quien edificó el Columbario del Père-Lachaise, primer crematorio francés.
Los arquitectos diseñan, en la mayor parte de los casos, no sólo el plano del edificio, sino también su decoración interior. Las realizaciones de Charles Lameire, a medio camino entre arquitectura y pintura permiten evocar el mundo desconocido de la decoración monumental, del palacio del Trocadéro hasta la basílica de Fourvière, gracias a la donación del Sr. Gilles Lameire, nieto del artista, en 1987, de cerca de quinientas piezas. También fue a la generosidad de la Sra. Geneviève Barrez que la actividad de dibujante y de decorador de su abuelo, François-Antoine Zoegger se encuentra bien representada. Trabajó con Viollet-le-Duc en Pierrefonds, en la Sainte-Chapelle y en la catedral de Clermont-Ferrand, antes de establecer un taller en Vienne, donde le llama Nathaniel de Rothschild que le encarga decorar y amueblar su palacio.
A veces en reacción contra el universo materialista y el marco administrativo de las realizaciones arquitectónicas, algunos artistas desarrollan proyectos imaginarios, esotéricos, llenos de misterio, de exaltación o de pavor… Como da el caso de las fantásticas composiciones de Gaston Redon, hermano del pintor Odilon Redon, Gran Premio de Roma en 1883, que se convierte en arquitecto del Louvre y las Tuileries. Cebra papel blanco con grandes pinceladas de pluma, haciendo aparecer paisajes rocosos, escarpados, tortuosos caminos que suben para asaltar inaccesibles montañas, cráneos monumentales, templos inmensos surgidos de la niebla, esferas y estrellas que brillan en el más negro firmamento, árboles despojados y torcidos (Paisaje fantástico)...François Garas pretende traducir en arquitectura ideas, sensaciones o ritmos musicales. Este curioso y misteriosos arquitecto presenta en el salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, proyectos utópicos, de 1894 a 1914, Interiores de artistas, Templos para las futuras religiones, dedicados a Beethoven, Wagner, la Vida, la Muerte, el Pensamiento. Dedicando un verdadero culto a lo Bello, al Arte, al Absoluto, se mantiene deliberadamente apartado de la práctica arquitectónica y se pierde en el infinito de sus creaciones, retirándose definitivamente en 1914. El museo tuvo la oportunidad de comprar un conjunto de ciento treinta y dos dibujos, pasteles, una pintura, grabados y objetos documentales, que también incluyen sorprendentes proyectos de palacios industriales, entre estos uno dedicado a los aviones.
El último tercio de siglo ve aparecer un movimiento que pretende romper con "la enfermedad del pasado", que conlleva emancipación e inédito: el Art Nouveau, cuyas principales realizaciones se escalonan de 1895 a casi 1905.
Francia está en el centro de las brillantes y originales creaciones desde los años 1890, con Emile Gallé y Hector Guimard. Ambos artistas están espléndidamente presentes gracias a dos excepcionales donaciones. En mayo de 1986, el nieto de Emile Gallé, el Sr. Jean Bourgogne y su esposa dieron al museo el conjunto de dibujos, fotografías y manuscritos que seguían en su posesión: más de mil quinientos documentos, en mayor parte inéditos.