


Cuando en los años 1970, el proyecto de transformar la estación de Orsay en museo del siglo XIX ve el día. Ningún museo de Bellas Artes en Francia tiene todavía una sección dedicada a la fotografía. Muy pronto, no obstante, se decide que esta invención de mayor relevancia del periodo tendrá su espacio en el futuro museo de Orsay.
Falta sin embargo elegir entre la creación de una colección o, simplemente, la organización de exposiciones temporales, alimentadas por obras procedentes de demás instituciones o de coleccionistas privados. Varios elementos militan en favor de la primera opción. Esta proporciona al museo recursos para contribuir al enriquecimiento del patrimonio francés, le asegura una determinada autonomía en cuanto a las exposiciones en sus salas y, por fin, evita crear una sección “muerta”, por estar privada de colecciones propias.
La decisión de constituir un fondo de fotografía en el museo de Orsay fue pues tomada en 1978. Esta queda por realizar entonces por completo ya que, respecto a esta técnica, al contrario de la pintura o de la escultura, no existen conjuntos ya reunidos a lo largo de los años por el antiguo museo del Luxemburgo o por el Louvre.
Las ventas públicas permiten también al museo de Orsay adquirir obras puestas en el mercado. Entre las compras, realizadas de este modo, se encuentra un sorprendente retrato de Baudelaire por Nadar en 1988, un fondo de taller del famoso retratista Eugène Disdéri en 1995, un magnífico estudio de cielo de Le Gray en 1997 o también un gran desnudo pictorialista de Edward Steichen en 1999.
Compras como aquellas realizadas acerca de de Roger Thérond en 1985 o los numerosos revelados de Nadar, adquiridos acerca de Marie-Thérèse y André Jammes en 1991, ilustran el protagonismo vanguardista en Francia, antes de la creación del museo de Orsay, de estos grandes coleccionistas privados.
Paralelamente, las colecciones se completan mediante afectaciones y depósitos que proceden principalmente de organismos que tan sólo disponen en mayoría de los revelados a título documental y que no tienen vocación para garantizar su conservación. Las imágenes integradas de este modo a las colecciones del museo de Orsay, que con frecuencia no habían sido el objeto de ninguna clasificación por parte del artista, cambian entonces de estatuto.
En 1979, el Mobiliario nacional realiza el primer depósito de fotografías en el museo de Orsay. Se trata de cerca de cincuenta estudios de flores de Charles Aubry, utilizados como modelos por los decoradores.
Tres años más tarde, en 1982, los archivos fotográficos del Patrimonio depositan en el museo más de doscientos cincuenta negativos papel de la Misión heliográfica de 1851. Este traslado ilustra el interés del museo de Orsay por los negativos papel, considerados hasta la fecha como “el instrumento” obligatorio para obtener revelados.
Estos ejemplos, por su importancia y su diversidad, confirman que la colección de fotografías del museo de Orsay sigue estando en la actualidad tan viviente como en el momento de su creación. Tras haber ampliamente contribuido al reconocimiento de un arte mantenido en la oscuridad durante largas décadas, se trata hoy para un museo interdisciplinario como lo es Orsay, de perseguir el enriquecimiento de su colección, con el fin de seguir mejorando la comprensión de la fotografía, de contemplar sus características, de entender su desarrollo histórico y de apreciar lo que ha podido proporcionar a las demás disciplinas.