


Hasta los años 1880, el museo del Luxemburgo sigue empeñado en rechazar las más recientes investigaciones. Courbet y Millet, por ejemplo, no se mostrarán durante sus vidas. Cabe esperar los esfuerzos comunes de los artistas y de sus familias, de los coleccionistas y de algunos funcionarios, para que el arte contemporáneo entre por fin en las colecciones nacionales francesas.
En 1937, el museo del Luxemburgo fue sustituido por el museo de Arte moderno, situado en el nuevo Palacio de Tokio, cuya construcción se finalizó para la Exposición internacional. Su programa comienza con el neo-impresionismo (sin Seurat), la escuela de Pont-Aven (sin Gauguin) y los Nabis.
El museo de Orsay reúne pues las colecciones dispersas del Jeu de Paume, aquellas del museo de Arte moderno, custodiadas por el Palacio de Tokio, donde estuvieron presentadas de 1977 a 1986, "prefigurando el museo de Orsay"; por fin las obras del Louvre datando de la segunda mitad del siglo XIX. Así reunidas, estas colecciones no hubiesen sido suficientes para dar a conocer las complejidades de una época excepcionalmente fecunda.
Lejos de estar inmovilizadas en la herencia recibida del museo del Luxemburgo o del Louvre, las colecciones de pintura del museo de Orsay evolucionan constantemente. Las donaciones, las daciones, las compras, permiten mantener vivas las colecciones, año tras año, y ofrecer al público una imagen siempre más completa, permanentemente renovada, de una época rebosante y variada, de las más creativas de la historia del arte.