Muestra fotográfica

Sonrisa

9 febrero - 12 junio 2016, sala 19

Charles Augustin LhermitteRetrato de una joven mujer© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
« La sola primavera sonríe al mundo en su aurora.»
Virgilio, Geórgicas (trad. J. Delille, 1770)


Bondad, satisfacción, alegría, malicia, pero también impertinencia, ironía, desprecio, crueldad... Ninguna expresión humana despliega una paleta de sentimientos tan amplia como la sonrisa. Innato, este medio de comunicación no verbal se enriquece de matices con la edad. Universal, observa variar su significado según la cultura y el contexto en el que se da y se recibe.

Igual que sigue siendo marginal en los retratos pintados y esculpidos de la época, la sonrisa es rara en la fotografía de la década de 1840 y de comienzos de los años 1850: por ser ante todo un movimiento fugaz - estiramiento de los labios y fruncido de los ojos -, su representación pone a prueba tanto la mano del artista, como los procedimientos insuficientemente sensibles del daguerrotipo y del negativo sobre papel.

Porque puede durar unos segundos, antes de transformarse en rictus, la disminución progresiva de los tiempos de pose, facilita sin embargo pronto su captura para el fotógrafo.
Tímidamente iniciada en la era del colodión húmedo, el contagio se propaga, en la década de 1880, gracias al instantáneo. Las sonrisas se asumen entonces por completo, hasta hacer aparecer la dentadura, a medida que se flexibilizan los códigos morales y de los comportamientos... y que progresan la sanidad y la higiene dentales.

« Una imagen -mi imagen- va a nacer: ¿Me van a alumbrar en un individuo antipático o en un 'buen hombre'? (...). Decido 'dejar flotar' en mis labios y en mis ojos una leve sonrisa que quisiera 'indescriptible', en la que ofrecería la lectura, a la vez que de las calidades de mi naturaleza, de la conciencia divertida que tengo de todo el ceremonial fotográfico. ».
Roland Barthes, La cámara clara. Reseña sobre la fotografía, 1980


Agente de democratización del acceso al retrato, la fotografía fue a la origen de un cambio radical en la relación con uno mismo y su propio cuerpo. En este particular, la revolución del instantáneo no modificó la naturaleza de la experiencia vivida por el modelo que, al posar, se “posiciona” siempre, respecto a la imagen ideal que tiene de sí mismo.
En cuanto tiene conciencia de ser fotografiado, captar el natural en el que concuerdan fisionomía y personalidad - el “parecido íntimo” según Nadar - siempre ha sido el reto mediante el que mejor se expresa el talento del retratista.

Ya sean espontáneas o compuestas, cómplices, tímidas, inspiradas y/o seductoras, las sonrisas suspendidas aquí se han prodigado en una época en la que semejante actitud todavía no constituía ya la norma social absoluta de presentación de sí mismo.
Esta muestra invita a apreciar lo qué la fotografía perpetúa de los encuentros que tuvieron lugar alrededor del objetivo, entre apertura al otro y disimulación.


Curador

Thomas Galifot, curador de las fotografias, musée d'Orsay

 

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