Muestras de artes gráficas

Caricaturas y dibujos satíricos en las colecciones del museo Orsay

Salas 8b-8c

Frantisek KupkaReligions, maquette pour la couverture© Adagp - RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Thierry Le Mage
Esta muestra es una invitación a descubrir caricaturas, dibujos humorísticos y satíricos de la colección del museo de Orsay, muchos de los cuales son expuestos por primera vez.
Compuesta únicamente por obras provenientes de las colecciones del museo, no pretende esbozar un panorama representativo de la caricatura de 1848 a 1914.

Presenta una selección de dibujos de caricaturistas como Cham, Sem, Cappiello, Harmann-Paul, Caran d'Ache, "libertinajes imaginativos" de artistas como Puvis de Chavannes, Carpeaux y Garnier, y obras de creadores que borraron los límites entre el "gran arte" y el arte popular: Daumier, Ensor, Toulouse-Lautrec...
A pesar de que ocupa un lugar mayor en el arte de la caricatura, Daumier tiene aquí un lugar modesto pues sus dibujos que figuran en la colección del museo de Orsay - colección conformada únicamente de originales y no de estampas - no pertenecen, en su gran mayoría, al campo de la caricatura.
Asimismo, el Caso Dreyfus, centro de una verdadera batalla de imágenes entre dibujantes a favor o en contra de Dreyfus, es brevemente evocado a través de las posiciones opuestas de Forain y de Hermann-Paul.

Sem Gabriel Astruc, la pie qui fait chanter© RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Adrien Didierjean
La sátira en las artes visuales se expresa a la perfección en la caricatura, objeto híbrido y heterogéneo, de contornos inciertos, cuya definición posible sería: medio de revelar rasgos risibles o desagradables de un tema o de una situación, exagerando sus características.
Experimenta un auge sin precedentes en el siglo XIX, fomentado por la difusión de la prensa ilustrada al gran público.
Los dibujantes toman como tema de su expresión gráfica a sus contemporáneos, creando un cuadro humorístico, cruel o amargo de su actualidad, del mundo del arte y particularmente de los Salones con el desarrollo del género de "salón caricatural".

Es el gran periodo de las retratos caricaturizados de las celebridades del momento, particularmente las pertenecientes al mundo del espectáculo.
Al final del siglo, los artistas anarquistas realizan obras violentamente antimilitaristas contra la carrera armamentista y el comienzo de la guerra entre las potencias europeas, y refuerzan su anticlericalismo en el contexto de la separación entre la Iglesia y el Estado (Steinlen, Luce, Kupka).

Teniendo "como origen la movilidad desenvuelta de la forma gráfica" (W.Hofmann), la caricatura constituye un momento de diversión y de libertad creadora donde se utilizan grafismos audaces y nuevas formas.

Dibujos de Kupka para la revista satírica L’Assiette au beurre

Antes de convertirse en un pionero de la pintura abstracta, Kupka fue dibujante satírico, y participó periódicamente en L'Assiette au beurre entre 1901 y 1907. Esta revista anarquista, anticlerical y antimilitarista convocaba a los grandes dibujantes satíricos de la época, entre los cuales se contaban Jossot, Steinlen, Hermann-Paul, Vallotton. Kupka ilustro tres números enteros: L'Argent [El Dinero] (n° 41, 11/1/1902), Religions [Religiones] (n° 162, 7 de mayo de 1904) y La Paix [La Paz] (n° 177, 20 agosto de 1904).

Estos dibujos, de una gran calidad plástica, no han perdido ni un ápice de su actualidad. Demuestran que caricaturizar el fanatismo e imaginar un rostro a los dioses de todas las religiones era menos peligroso en 1904 que en nuestros días, en los cuales los dibujantes de Charlie Hebdo fueron asesinados en París por haber realizado dibujos en la línea de los de Kupka.

Eugène Boudin (1824-1898): cielos y mar

Sala 69
Heredero de la tradición romántica y al mismo tiempo uno de los padres del impresionismo, Eugène Boudin se apasiona por la representación de los múltiples efectos de las variaciones atmosféricas en el mar y las nubes.
Mediante pinceladas fragmentadas, declina los estudios instantáneos de la luz, utilizando la acuarela o el óleo.

A partir de 1856 recurre al pastel, y recibe un elogioso comentario de Baudelaire, admirador de estas «bellezas meteorológicas» en el Salón de 1859.
Un gran logro para quien se preguntaba: «¿Los Holandeses son capaces de llegar a esa poesía de nube que busco?»

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