Victor Baltard
Iglesia San Agustín en París

Iglesia San Agustín en París, elevación de la fachada principal
Victor Baltard (1805-1874)
Iglesia San Agustín en París, elevación de la fachada principal
Construida de 1860 a 1871
Pluma y tinta negra, realces de acuarela y oro
Alt. 60,1; Anch. 42,2 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Eglise Saint-Augustin à Paris, élévation de la façade principale [Iglesia San Agustín en París, elevación de la fachada principal]


Victor Baltard, uno de los arquitectos favoritos del barón Haussmann, prefecto del Sena que dirigió las grandes obras de modernización de París, se ilustra en la construcción de naves, "amplios paraguas" de hierro. Se le encarga en 1860, una iglesia cuya forma fue dictada por un terreno triangular y el deseo de Haussmann de ver una cúpula coronar la culminación del nuevo bulevar Malesherbes.

Es un edificio de fachada estrecha, cuya nave se va ampliando a medida que se adentra hacia el coro. Todo el revestimiento del edificio es de piedra, mientras que la armadura es totalmente metálica, síntesis entre el hierro y la persistencia de las formas tradicionales, inspirada en parte por la catedral Santa María de las Flores de Florencia. La fachada se compone de un portal con tres arcadas cuyos pilares están realzados de símbolos ce los cuatro evangelistas, de una galería esculpida de figuras de Cristo y de los doce apóstoles, de un gran rosetón enmarcado por un majestuoso frontón y por fin, un domo con cúpula que culmina a sesenta metros de altura. Las tres puertas de la fachada fueron realizadas por Christofle; el conjunto mezcla elementos románicos y renacentistas. La riqueza ornamental de la fachada, formada por cuarenta y cinco figuras de piedra, doce de bronce, tres personajes pintados sobre lava, fue destacada por los críticos contemporáneos.

El arquitecto Louis-Auguste Boileau había utilizado en San Eugenio (París) en 1853, por primera vez en una iglesia, el hierro y la fundición, usando formas góticas con imaginación, logrando dar una impresión de amplitud multiplicando las perspectivas. San Agustín tal vez no se haya beneficiado del mismo ingenio, pero el interior es impresionante. El monumento tiene el mérito de destacarse de los edificios estandardizados que lo rodean y ofrecer un verdadero logro de escenografía urbana.




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