Louis-Ernest Lheureux
Monumento a la gloria de la Revolución francesa

Monumento a la gloria de la Revolución francesa
Louis-Ernest Lheureux (1827-1898)
Monumento a la gloria de la Revolución francesa
1886
Lápiz, pluma y tinta, aguada gris, acuarela y realces de oro
Alt. 48; Anch. 86,5 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / René-Gabriel Ojéda

Monument à la gloire de la Révolution française [Monumento a la gloria de la Revolución francesa]


El centenario de la Revolución francesa en 1889 dio nacimiento a múltiples proyectos conmemorativos. A partir de 1886, fue propuesto por el Ayuntamiento de París, el recinto de las Tuileries (incendiadas en 1871 y derruidas en 1883).
La ubicación es estratégica tanto por su geografía, la perspectiva trazada por Le Nôtre que conecta, de ahora en adelante, el Louvre con el arco de Triunfo, que por su significado, antigua estancia real convertida en “templo de las artes”. Generó utopías arquitectónicas; la más espectacular es el dibujo de Louis-Ernest Lheureux.

Alumno de Labrouste, cercano de Viollet-le-Duc, el arquitecto aplica los principios racionalistas de coherencia entre las formas y los destinos del edificio. Se beneficia aquí de la originalidad del tema para dar libre curso a su imaginación. Pero a este dibujo no le falta un cierto racionalismo que podríamos calificar de oportunismo, ya que recurre a los monumentos tipo, legados por las civilizaciones para traducir la idea de monumento universal.

Tenemos una estructura de templo, en medio del que trona una pirámide, que recuerda tanto el estupa indio como la pirámide azteca. Un zócalo esculpido y una sucesión de columnitas repartidas en diferentes niveles, marcan las fachadas. Arcos de triunfo materializan los pasajes, el primero siendo el arco del Carrusel, integrado como una puerta central. Estos arcos marcan los puntos cardinales y abren sobre galerías de circulación a la italiana, donde las amplias escaleras y los grupos esculpidos recuerdan el arte de Versalles.
Por fin, un templo circular, referencia al tempietto de Bramante, corona la pirámide, colocando el círculo encima del cuadrado.

De este modo, el racionalismo consiste aquí en utilizar las formas estructurales procedentes de las distintas civilizaciones y convertidas desde entonces en universales, como el círculo, el semi círculo, el triángulo de la pirámide y los T de los órdenes arquitectónicos antiguos.




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