Albert Ballu
Proyecto de pedestal para la estatua de Etienne Marcel

Proyecto de pedestal para la estatua de Etienne Marcel, vista de frente y vista lateral
Albert Ballu (1849-1939)
Proyecto de pedestal para la estatua de Etienne Marcel, vista de frente y vista lateral
1883
Lápiz, tinta de China, aguada y acuarela
Alt. 91,5; Anch. 64 cm
© Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt


Proyecto de pedestal para la estatua de Etienne Marcel, variación de la decoración del zócalo

Projet de piédestal pour la statue d'Etienne Marcel, vue de face et vue latérale [Proyecto de pedestal para la estatua de Etienne Marcel, vista de frente y vista lateral]


Todavía en la actualidad, el paseante de París puede observar a proximidad del Ayuntamiento, una gran estatua ecuestre de Etienne Marcel (1315-1358) fechada en 1888. Preboste de los mercaderes en épocas en que el rey Juan el Bueno era preso de los ingleses, este personaje de la historia parisina tuvo una nueva notoriedad, en los albores del Centenario de la Revolución Francesa. En 1357, impuso una gran ordenanza al joven delfín, el futuro Carlos V, que preveía un control de las finanzas públicas por los Estados Generales, un reparto más justo de los impuestos, un consejo adjunto al delfín, etc. Estas medidas, que otorgaban al preboste de los mercaderes los poderes de un verdadero alcalde de París, le muestran, cinco siglos más tarde, como un defensor de la democracia.
Tras un concurso, lanzado en 1882, la realización de la estatua fue confiada a Jean Antoine Idrac (1849-1884), substituido tras su prematuro fallecimiento por Laurent Marqueste (1848-1920).

Para el diseño del pedestal, las autoridades recurren a Théodore Ballu (1817-1885), arquitecto jefe de las obras del Ayuntamiento. A su muerte, su hijo Albert Ballu se hace cargo del proyecto. Éste piensa en primer lugar en decorar el zócalo con bajorrelieves, tal y como lo presenta en este folio, pero se abandona este proyecto y el grupo se inaugura, el 15 de julio de 1888, encima de un zócalo vacío. El pedestal con sus cimientos se alza a ocho metros del suelo.

Este dibujo, así como otro folio también conservado por el museo de Orsay, ofrece un escaso testimonio de una de las obras ordinarias y frecuentes de los arquitectos del siglo XIX, la de "la ciudad esculpida". Se trata aquí, además, de uno de los monumentos más famosos de la joven IIIa República, junto con aquellos dedicados a Juana de Arco.




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