Jacques-Ignace Hittorf
Templo de Dendérah en Egipto

Templo de Dendérah en Egipto. Elevación del espacio hipóstilo.
Jacques-Ignace Hittorf
Templo de Dendérah en Egipto. Elevación del espacio hipóstilo.
Antes de 1859
Pluma, tinta, acuarela
Alt. 59,4; Anch. 98 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / René-Gabriel Ojéda

Temple de Dendérah en Egypte [Templo de Dendérah en Egipto]


J.I Hittorff, prolífico constructor (la iglesia San Vicente de Paula, la Estación del Norte en París), también fue un apasionado arquitecto arqueólogo que animó un debate, a partir de finales de los años 1820, sobre la utilización de la policromía en la arquitectura griega clásica. Este afán por el color en la arquitectura lo llevó a Grecia y a Italia, en particular a Sicilia. A pesar de que nunca realizó estancias en Egipto, sus amigos y más tarde su familia, lo iniciaron sin embargo a esta civilización. En efecto, en 1822, el arquitecto F.Ch. Gau, compañero de viaje, muestra en el salón coloreados estudios de monumentos egipcios y publica paralelamente Las Antigüedades de Nubia o los Monumentos inéditos de las orillas del Nilo, obra decorada con planchas en color. Dos años más tarde, Hittorff se casa con la hija del famoso arquitecto J.B. Le Père, que forma parte de la expedición de Egipto en 1798, de cuya trae numerosos informes de monumentos, muy señalados entonces por la calidad de su realización. Fue probablemente a partir de uno de los dibujos de su suegro, fallecido en 1844, que Hittorff compuso esta impresionante reconstitución en acuarela. De época ptolemaica y romana, el templo de Dendérah es uno de los templos de Egipto mejor conservados. Está dedicado a la diosa celeste Hathor y se compone de varios componentes. Aquí está representado el espacio hipóstilo con sus columnas “hathóricas” monumentales, grabadas con inscripciones hieroglíficas y acabadas por capiteles que representan las cuatro caras de la diosa. El techo de la sala estaba enteramente pintado con escenas astronómicas, mientras que las paredes estaban adornadas con divinidades. En esta obra, Hittorff demuestra, una vez más, un don para entender y manejar los colores.




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