Albert-Ernest Carrier-Belleuse
Consola del gran salón de la mansión de Païva

Consola del gran salón de la mansión de Païva
Albert-Ernest Carrier-Belleuse (1824-1887), con la colaboración de Aimé-Jules Dalou (1858-1902), bajo la dirección de Pierre Manguin (1815-1869)
Consola del gran salón de la mansión de Païva
Entre 1864 y 1865
Bronce dorado y patinado, mármol rojo, ónice y alabastro
Alt. 110; Anch. 161; P. 58 cm
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / René-Gabriel Ojéda

Console du grand salon de l'hôtel de Païva [Consola del gran salón de la mansión de Païva]


La mansión parisina de la marquesa de Païva, situada en la avenida de los Campos Elíseos, constituye uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura privada y de la decoración interior, con el apogeo del Segundo Imperio. Entre 1856 y 1866, el arquitecto Pierre Manguin orquestra todas las obras, rodeándose de una pléyade de artistas. Fue con un asombroso acierto que reinterpretaron un repertorio alegórico y ornamental, procedente principalmente del Renacimiento francés, en el estilo de la Escuela de Fontainebleau. Para la escultura Manguin contrata a Cugnot, Delaplanche, Legrain, Carrier-Belleuse y Dalou.

Principal estancia de recepción que da a la avenida de los Campos Elíseos, con cinco altos ventanales, el gran salón ha guardado su magnífico decorado mural. Le faltan en la actualidad las cuatro consolas, totalmente realizadas en mármol, que ritmaban los muros de cada lado. El ejemplar del museo de Orsay es una de entre ellas.
El tablero está soportado por dos atlantes, que se inspiran de los modelos italianos del siglo XVII. La colaboración entre Carrier-Belleuse y el joven Dalou hace dudar sobre la atribución de la autoría de los atlantes al maestro o a su asistente. Pero el estilo refinado de estas sensuales y un poco amaneradas figuras, evoca sin embargo mucho más al arte suave y elegante de Carrier-Belleuse que las formas más robustas de Dalou.

En un decorado saturado de ornamentos, el espacio despejado entre los atlantes puede sorprender. En efecto, los cartuchos esculpidos del artesonado inferior, amueblan completamente este vacío aparente. La misma preocupación por la armonización ha llevado a combinar el mosaico de los tableros con mármoles rojos y blancos de la chimenea. Podemos admirar con qué habilidad el dibujante y el escultor han sabido integrar estas consolas a la arquitectura del entorno.




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