Léon Spilliaert
Dique de noche

Dique de noche
Léon Spilliaert (1881-1946)
Dique de noche
1908
Aguada de tinta y acuarela sobre papel
Alt. 47,8; Anch. 39,5 cm
© ADAGP – Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Digue la nuit [Digue la nuit [Dique de noche]]


Tras un breve paso por la Academia de Bellas Artes de Brujas, entre 1899 y 1900, Spilliaert elaboró la mayor parte de su carrera de manera autodidacta, en Ostende, la ciudad belga de la que procede. Nacido cerca de veinte años después que los principales miembros de la generación simbolista (la de 1860), integra sin embargo esta estética que prolonga con bastante posterioridad a 1900.
Es el autor de series de bodegones, autorretratos y paisajes, todos marcados por un clima de inquietante extrañeza. Realizadas principalmente sobre papel, sus obras exploran, mediante técnicas tan diversas como el lápiz, la tinta de china, el pastel o el guache, todos los recursos del negro. Se ha de ver sin duda en esta opción una forma de pesimismo (ampliamente alimentado por la lectura de Edgar Allan Poe y Nietzsche), pero también el contrapunto a aquellas figuras tutelares del simbolismo, como lo son Odilon Redon (famoso por sus negros), Eugène Carrière o también el americano Whistler.

Dique de noche está vinculado con una serie de paisajes realizados en Ostende, en torno a 1908. La obra, que roza la abstracción, es emblemática del clima de misterio y de desolación al que es aficionado Spilliaert. En él encontramos esta cualidad de silencio y de abandono de la que Khnopff se ha hecho un especialista, antes que él, o también este intento del monocromo, cuyo génesis se encuentra en los famosos nocturnos de Whistler. Este dibujo también destaca por su estilización. Spilliaert, así mismo, desvincula su paisaje de cualquier caracterización: los edificios que bordean el dique de Ostende están tratados como masas oscuras e impenetrables. En cuanto a los reflejos verticales de las farolas, materializan la humedad del muelle, zona de transición entre tierra y mar, donde los elementos intercambian sus propiedades. Este clima, de licuefacción generalizada, contribuye a un sentimiento de pérdida de referencias espaciales. Porque para Spilliaert, fiel en ello al espíritu simbolista, se trata ante todo de transfigurar los lugares, de hacer de ellos reflejos de un estado de ánimos. Soledad, misterio, alucinación: son cuantos aspectos que corroen este paisaje.




Aumentar la fuente Disminuir la fuente Enviar a un amigo Imprimir
Facebook
Google+DailymotionYouTubeTwitter