Ernest Meissonier
La barricada

La barricada
Ernest Meissonier (1815-1891)
La barricada
1848
Acuarela, rasgos de lápiz sobre papel
Alt. 26; Anch. 21 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Michèle Bellot


La Barricada, calle de la Mortellerie, junio de 1848, también llamado: Recuerdo de la guerra civil

La barricade [La barricada]


Capitán de artillería en la guardia nacional, Ernest Meissonier es testigo, durante los enfrentamientos de junio de 1848, de la masacre de los insurgentes en una barricada de la calle del Ayuntamiento. Esta acuarela, que representa el final del combate, fue siempre considerada, tanto por el autor como por sus contemporáneos, como una obra insigne y singular. Cerca de cien años después de los acontecimientos, Meissonier describe en una carta dirigida al pintor belga Alfred Stevens su profundo cariño por esta obra: "no tengo porque ser modesto por este dibujo y no dudo en decir que si fuese lo suficientemente rico para volverla a comprar, lo haría en seguida [...] cuando lo hice estaba todavía bajo la terrible impresión del espectáculo que acababa de ver, y créame, estimado Alfred, estas cosas le entran a uno en el alma, cuando las reproduce [...] lo he visto [el asalto a la barricada] en todo su horror, sus defensores matados, fusilados, arrojados por las ventanas, cubriendo el suelo con sus cadáveres, la tierra no habiendo todavía bebido toda la sangre." La historia de este dibujo contribuye todavía más a su carácter excepcional ya que Eugène Delacroix fue su primer propietario.

La interpretación política de la obra sigue sin embargo difícil. Parece nublada por la existencia de un cuadro (conservado en el museo del Louvre) pintado por el artista a partir de su acuarela. El título, y obviamente el sentido de esta "réplica", son distintos. El lienzo, bautizado Junio en 1849, se convierte en Recuerdo de la guerra civil cuando el artista lo muestra en el Salón de 1850-1851. La precisión de la versión al óleo le otorga "la indiferencia de un daguerrotipo", lo que acredita los reproches de inhumanidad dirigidos por algunos críticos en contra del pintor.
La acuarela, sin embargo, tuvo éxito acerca de la crítica en el siglo XIX, debido al hecho que permite implícitamente levantar el anatema impuesto al artista, reaccionario y anti-revolucionario. "Horrible de verdad", de un lirismo trágico totalmente inesperado en el arte de Meissonier, dedicado a las sabias y minuciosas puestas en escena, la potencia dramática de La barricada desmiente la falta de interés del artista por el destino de los hombres de su época.




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