Pierre Bonnard
La vida del pintor

La vida del pintor, Infancia del artista – La Academia Julian – En París
Pierre Bonnard (1867-1947)
La vida del pintor, Infancia del artista – La Academia Julian – En París
Hacia 1910
Lápiz grafito, pluma y tinta, aguada sobre papel vitela
Alt. 31,5; Anch. 24 cm
© ADAGP – RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Thierry Le Mage


En el teatro de la obra, las oficinas de la Revue Blanche, los tejados de París
Bonnard en París – Paisaje del Dauphiné – El impresor Auguste Clot
La galería de Ambroise Vollard – El teatro de marionetas
Bonnard en un jardín – Bonnard pintando un retrato de mujer

La vie du peintre. Enfance de l'artiste - L'Académie Julian - Dans Paris [La vida del pintor, Infancia del artista – La Academia Julian – En París]


En la biografía dedicada a Bonnard en 1927, Charles Terrasse revela la existencia de un pequeño cuaderno de dibujos de cerca de diez páginas, cuyas cinco primeras están dedicadas a la serie "La vida del pintor". Terrasse explica que el artista "se había divertido escribiendo de este modo ["su vida en imágenes"] antaño, en un cuaderno". Esta página es la primera, a lo largo de las cuales Bonnard despliega su "relato" autobiográfico.
La peculiaridad de este conjunto humorístico es de alternar evocaciones íntimas con escenas historiográficas del movimiento Nabi. Aquí, reencontramos a Bonnard, todavía bebé, en las rodillas de su madre, y luego, un poco más mayor, vestido con un traje marinero. En el centro, se trata de la época de la Academia Julian, Sérusier y Vallotton están presentes. Por fin, abajo de la página, Vuillard, Roussel y Bonnard se pasean por la plaza Clichy, mientras que en la derecha, Toulouse-Lautrec, Tapié de Celeyran y Maurice Denis están representados delante del Moulin-Rouge.

Mucho más allá de su carrera personal, son algunos de los principales hitos de la aventura colectiva de los jóvenes Nabis que Bonnard narra. La Vida del pintor muestra – a pesar de su tono ligero y caricatural - que Bonnard tiene una conciencia clara de los momentos cruciales de la historia del grupo.
El punto de vista histórico, el esmero proporcionado a los dibujos, su reparto en registros bien secuenciados y su nivel de acabado, sugieren que el artista piensa publicarlos. No se puede tratar aquí de simples apuntes espontáneos, retrospectivos o nostálgicos. La Vida del pintor puede interpretarse como un contrapunto irreverencioso a las pomposas autobiografías de artistas que le son contemporáneos.
El proyecto de una autobiografía en imágenes surge más tarde, tres años antes de la muerte del pintor, en 1944. En Correspondances, Bonnard ilustra, en efecto, una correspondencia familiar, real o ficticia, de sus años de infancia y de juventud.




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