Edgar Degas
Paisaje de Borgoña

Paisaje de Borgoña
Edgar Degas (1834-1917)
Paisaje de Borgoña
Monotipo en colores sobre papel crema
Alt. 30; Anch. 40 cm
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Jean-Gilles Berizzi

Paysage de Bourgogne [Paisaje de Borgoña]


A comienzos del otoño de 1890, Degas realiza, en compañía del escultor Bartholomé, un viaje que le lleva de las puertas de París al corazón de la Borgoña. Cuando llega a Diénay, a casa de su amigo el grabador Georges Jeanniot, aprovecha el taller de éste para realizar sus primeros monotipos en colores. Este proceso de grabado permite, por impresión, obtener un ejemplar único de una obra. Degas traslada entonces a la plancha el recuerdo de los paisajes entrevistos. "Bartholomé, precisa Jeanniot, estaba asombrado de verle dibujar los paisajes como si todavía los tuviese delante de los ojos. [...] veíamos poco a poco aparecer en la superficie del metal, un pequeño valle, un cielo, [...] caminos llenos de agua del reciente chaparrón, nubes anaranjadas huyendo en un cielo en movimiento, por encima de la tierra roja y verde." Aquí el perfil desigual de una colina con tonos malvas se destaca en un cielo rayado por las pinceladas. En cuanto al sol, parece labrado por un vigoroso cepillo.

Durante las conversaciones con Ludovic Halévy, Degas comunica la fuente de sus "paisajes imaginarios": "Me quedaba en la portezuela de los vagones, y miraba vagamente. Esto me proporcionó la idea de hacer paisajes." Pero mientras que Halévy sugiere que se trata en ello de "estados de ánimos", Degas contesta con sequedad, recusando un "lenguaje tan pretensioso", que no son más que "estados de ojos". La audaz técnica, lo extraño de esta visión que no se corresponde a ninguna época ni ningún lugar, distingue a Degas de los paisajistas de su época. En 1891, había avisado: "Se ve como se quiere ver; es falso; y esta falsedad constituye el arte".




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