Edgar Degas
Retrato de Edouard Manet

Retrato de Edouard Manet
Edgar Degas (1834-1917)
Retrato de Edouard Manet
Hacia 1866-1868
Mina de plomo
Alt. 40; Anch. 25,5 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Michèle Bellot

Retrato de Edouard Manet


Tras el escándalo provocado por el Desayuno sobre la hierba en el Salón de los Rechazados de 1863, Manet va imponiéndose progresivamente como el jefe de fila de la "nueva pintura", calificada así por el crítico Duranty en 1876. Asume sin duda el papel de iniciador para su amigo Degas, por entonces prácticamente desconocido, a quien incita a alejarse de la pintura de historia para dedicarse a la representación de la vida moderna.

Este dibujo es uno de los más célebres del arte francés, el testimonio mítico de una amistad decisiva en el desarrollo del movimiento que cabe designar como impresionismo. A los ojos de los observadores de la época, este es el retrato más fiel de Manet. Además es una obra de arte por la flexibilidad del trazo y la osadía de la composición.

Degas sienta a su modelo de través, meditativo y cansado, en una silla del taller y deja caer en primer plano, en la esquina inferior izquierda, el sombrero de copa, emblema arrogante de la modernidad y símbolo del hombre de mundo más que del artista. Manet adopta una pose, sino que parece que ha sido captado de improviso. Está descansando, una pose preferida por Degas y que utilizará más adelante para las bailarinas.

Los retratos pintados por Degas constituyen una verdadera "puesta al desnudo" psicológica, que expresa el estado de cada uno. "Encontrar una composición que pinte nuestra época", escribía desde 1859 cuando se interrogaba sobre el arte del retrato.

Reseña Manet




Aumentar la fuente Disminuir la fuente Enviar a un amigo Imprimir
Facebook
Google+DailymotionYouTubeTwitter