Edgard Maxence
Heracles destruye los pájaros de Estínfalo

Heracles destruye los pájaros de Estínfalo
Edgard Maxence (1871-1954)
Heracles destruye los pájaros de Estínfalo
Hacia 1893
Óleo sobre lienzo
Alt. 84; Anch. 54 cm
© ADAGP - RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Héraclès détruit les oiseaux de Stymphale [Heracles destruye los pájaros de Estínfalo]


El exterminio de los pájaros, que se alimentaban de carne humana y destruían las cosechas, a orillas del lago Estínfalo, en Arcadia, constituye el quinto de los doce trabajos realizados por Heracles. Gracias a su dexteridad como arquero, logra vencer los siniestros rapaces. Hijo de Zeus y de Alcmena, personificación de la fuerza viril, Heracles, o su equivalente romano Hércules, ha seguido siendo a lo largo de los años uno de los personajes más apreciados de la mitología clásica. De los jarrones antiguos, a las obras de Gustave Moreau, las innumerables representaciones del héroe demuestran la persistencia de su popularidad.

En un paisaje de altas rocas escarpadas que se adentran en el lago Estínfalo, Maxence perfila el cuerpo atlético de Heracles sobre un cielo azul luminoso. Cubierto con la piel del león de Nemea, apunta la cabeza del pájaro más cercano. A sus pies, yacen los cadáveres de aquellos que ya ha matado, mientras que en la lejanía, centenares de grandes pájaros con amplias alas desplegadas forman una nube amenazadora. Con efectos casi cinematográficos, Maxence incluye de este modo la noción del tiempo, representa la acción en su duración. Un aterrador estruendo de gritos y de roces de alas parece surgir de la retahíla de pájaros lista para abatirse sobre Heracles.

El cuadro fue probablemente expuesto en 1893 en la Sociedad de los Amigos de las Artes de Nantes con el subtítulo "pintura de imaginación". Esta formulación ingenua traiciona la ambición de Maxence de renovar la pintura de historia impregnándola de simbolismo, sin renunciar totalmente a los códigos pictóricos academicistas. De hecho, pese a que la iconografía mitológica siga siendo bastante tradicional, la herencia de Gustave Moreau es sensible, además del tema, en la composición y el tratamiento de la materia, lo que hace que el paisaje sea un poco visionario y de a la escena una dimensión fantástica.


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