Auguste Glaize
Las mujeres galas

Las mujeres galas: episodio de la invasión romana
Auguste Glaize (1807-1893)
Las mujeres galas: episodio de la invasión romana
1851
Óleo sobre lienzo
Alt. 424; Anch. 651 cm.
© Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt


Salon de 1852, Grand Salon mur sud

Las mujeres galas: episodio de la invasión romana


Este cuadro espectacular (de más de seis metros de largo), ilustra el asedio de Gergovia, famosa batalla en la cual Julio César afirmó su dominación sobre el actual territorio francés, en el primer siglo antes de Jesucristo. A lo lejos se adivinan los picos de las montañas, alusión a Auvernia, donde se produjo el episodio histórico.
La obra se inscribe dentro de la tradición académica. Las poses teatrales, los cuerpos atléticos, pero también la monumentalidad y la claridad en los detalles de la obra, recuerdan a las célebres Sabinas de Jacques-Louis David (museo del Louvre, 1794).

Según el relato del propio César, las mujeres galas provocaban e insultaban a los Romanos. Glaize las representa sobre un carro en el centro de la composición, elevándose como una muralla. Una anciana esconde a su hija en sus brazos; otra agita su hoz de oro gritando; una tercera mujer, implacable en su cólera y su odio, sostiene al niño que acaba de degollar para que no caiga en manos de los vencedores.
A sus pies, los hombres galos también resisten heroicamente: un herido caído al suelo sigue blandiendo su espada, otro prepara su arco para lanzar una flecha... pero a la derecha, los Romanos avanzan, sanguinarios y despiadados.

Con Las Mujeres galas, Glaize transforma una derrota en un acto de valentía, y la dimensión patriótica, o más bien nacionalista de la obra no pasa desapercibida al nuevo régimen.
La obra es expuesta en 1852, justo cuando Napoleón III es proclamado emperador. El hombre se apasiona por la figura del César (sobre quien publicará una historia a mediados de la década de 1860), pero también por la historia del pueblo galo, destacada por el historiador Amédée Thierry (Historia de los Galos, 1828).
Este interés queda demostrado por las excavaciones que lanza para intentar localizar Alesia, o por la creación en Saint-Germain-en-Laye de un museo de antigüedades nacionales destinado a albergar los objetos encontrados en las excavaciones arqueológicas realizadas en Francia.

El cuadro es adquirido por el Estado, pues esta exaltación patriótica debe unir a los Franceses en un ideal común de orgullo y coraje. Y para completar la alegoría, la obra es enviada a Autun, no muy lejos de Alise-Sainte-Reine, donde se creía que había tenido lugar la batalla de Alesia, antes de ser transferida al museo de Orsay en 1982.


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