Auguste Rodin
Puerta del Infierno

Puerta del Infierno
Auguste Rodin (1840-1917)
Puerta del Infierno
Entre 1880 y 1917
Altorrelieve de yeso
Alt. 635; Anch. 400; P. 94 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / DR


Puerta del Infierno
Puerta del Infierno
Puerta del Infierno
Puerta del Infierno

Porte de l'Enfer [Puerta del Infierno]


En la misma ubicación que la estación de Orsay, se erigía en el siglo XIX el antiguo Tribunal de cuentas. Quemado en 1871 durante la Comuna de París, fue substituido por un Museo de Artes decorativas. Para la entrada, el Estado encargó a Rodin en 1880 una puerta monumental. Debía de estar decorada con once bajorrelieves representando la Divina Comedia de Dante. Rodin se inspira en las célebres puertas que Ghiberti había realizado en el siglo XV para el baptisterio de Florencia. Tres años más tarde, el artista logra un primer estado que le satisface, pero el proyecto del museo es abandonado. Esta puerta sin destino se convierte entonces, para Rodin, en una especie de reserva creativa para numerosos proyectos que acaban liberándose de ella, como El Pensador o El Beso. La Puerta del Infierno, que solo algunos críticos introducidos han podido ver, asume entonces un valor de símbolo, el del genio creativo sin coacciones de Rodin, para unos, y de su incapacidad para llegar a un resultado, para otros. Solo se mostrará en la Exposición Universal de 1900 y en una versión incompleta.

En la parte más alta, el grupo de las tres Sombras, con un enfoque extremadamente moderno, es, en realidad, la triple repetición de la misma figura con un brazo amputado. En el tremó, el Pensador (el propio Dante) se alza por encima del abismo. En el batiente de la derecha, reconocemos a Ugolin. En el de la izquierda, Paolo y Francesca e integran en un desliz de cuerpos. El conjunto emerge de lavas hirvientes. Las poses convulsas traducen la desesperación, el dolor, la maldición. Las formas invaden la estructura, hasta tal punto que a veces sustituyen los elementos arquitectónicos.

Obra simbolista por excelencia que deja total libertad a la imaginación, el altorrelieve da paso a la vehemencia y al poder expresivo del cuerpo humano, en un espacio indeterminado, extremadamente perturbado por los juegos de sombras y de luces. El yeso del museo de Orsay data de 1917. La Puerta del Infierno, al final, se encuentra en la ubicación para la que fue encargada, pero, en cambio, sin cumplir su función de puerta.


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