Georges Minne
Arrodillado en la fuente

Arrodillado en la fuente
Georges Minne (1866-1941)
Arrodillado en la fuente
Hacia 1898
Estatuita de bronce
Alt. 78,5; Anch. 19; P. 43,5 cm.
© ADAGP - RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Agenouillé à la fontaine [Arrodillado en la fuente]


Estilo depurado y simplificación provocan que el escultor simbolista belga Georges Minne, ya desde sus primeras creaciones, fuera fuertemente criticado por su primitivismo, su torpeza y su estilo rudimentario. El poeta Emile Verhaeren, compatriota suyo, le defiende, subrayando que "sus personajes están casi fuera de lo que es posible estar (...) van y vienen hacia el más allá, donde tan solo puede subsistir la Idea". En Arrodillado en la fuente, de 1898, su búsqueda de la sobriedad conlleva un rechazo intransigente de cualquier anécdota: ningún carácter visionario, ni padecer, una lenta y grave escansión, un silencio interiorizado.

En la concepción artística de Georges Minne, la línea sigue siendo el medio plástico por excelencia, los contornos subrayan la solidez de la estatua. La figura se queda ensimismada, recogida, dolorosa o resignada, demacrada por la delgadez.
El artista busca volúmenes capaces de imponerse por su plenitud. Simplificando sin descanso, logra proporcionar a sus figuras una verdadera monumentalidad. El gran escritor Fierens-Gevaert opina que "su escultura no alcanzaría todo su valor expresivo de no estar asociada a la arquitectura". Y en efecto, en 1900 realizará una composición donde cinco ejemplares de Arrodillado en la fuente serían colocados encima del brocal de una fuente circular. Adoptando la idea de Rodin sobre la repetición de varias figuras idénticas, sacaba de este modo un partido más ritmado y aun más meditativo.




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