Paul Gauguin
Ídolo con concha

Ídolo con concha
Paul Gauguin (1848-1903)
Ídolo con concha
Entre 1892 y 1893
Estatuilla de madera de genipa americana, nácar, diente y hueso
Alt. 34,4; Anch. 14,8; P. 18,5 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Gérard Blot


Ídolo con concha
Ídolo con concha
Ídolo con concha

Idole à la coquille [Ídolo con concha]


Gauguin se llevó sus cinceles de escultor a Oceanía. Decepcionado de no encontrar ya auténticos objetos de arte, se ensaya sobre utensilios de guayabo, antes de atacarse a esta madera de genipa americana en septiembre de 1892. Sus "bibelots salvajes", incomprendidos e invendibles, los confía en 1900 a su amigo el pintor Daniel de Monfreid que le desempeña el papel de corresponsal en Francia: "A propósito de las esculturas, que la obra de hecho muy limitada, no esté diseminada y no vaya a gentes a quienes no les gustaría; y me complacería muchísimo si aceptase – no es un obsequio sino una prueba de amistad – toda la escultura de madera de Tahití". En 1901 llega a los Pirineos orientales la caja de las esculturas de Gauguin. Matisse las vio en 1903. Expuestas en el Salón de Otoño de 1906, difunden su energía acerca de los artistas ávidos por la novedad.
¿Quiere Gauguin devolver una mitología a aquellos que la han perdido? Las esculturas maoríes alojadas en sus lienzos de 1892 son invento suyo, ya que no quedan obras monumentales en la isla.
El Ídolo con concha pone en escena un dios, sentado en loto, la boca llena de dientes de caníbal (realizados con un diente faríngeo de pez papagayo) y con piernas tatuadas. El pectoral y la cintura son añadidos de nácar. En los lados, dos personajes se repiten a derecha e izquierda. Los brazos se terminan por dedos aplastados en rastrillo, las piernas semiplegadas sugieren los movimientos sexuales de la danza tamuré. Los oídos que parecen un par de anzuelos opuestos proceden del decorado maorí. Cabezas de tikis (divinidades segundarias que marcan los límites del lugar sagrado) con cráneos planos, ornan la base de la empavesada.
Con esta técnica de escultura que desconoce, Gauguin va todavía más allá en este "contra mi voluntad de salvaje" que en su pintura.




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