James Ensor
En el conservatorio

En el conservatorio
James Ensor (1860-1949)
En el conservatorio
1902
Óleo sobre lienzo marruflado sobre panel
Alt. 56,5; Anch. 71,5 Cm
© ADAGP – Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Au conservatoire [En el conservatorio]


En 1880, mientras Bruselas se convierte en capital del wagnerianismo, James Ensor descubre la música de Richard Wagner. Está entusiasmado y dibuja La cabalgata de las Valquirias (1883, colección privada), obra marcada por el soplo épico del compositor que invade los paisajes de Ensor.

En el conservatorio se apunta en una serie más tardía e integra los cuadros irónicos, sarcásticos o simplemente humorísticos, que el pintor realiza a partir de finales de los años 1880. Pedazo a pedazo, se ataca a toda la sociedad belga - bañistas, críticos de arte que no han apoyado al pintor, jueces, médicos, gendarmes, jugadores – y, por supuesto, aficionados exaltados y pretenciosos. Este conjunto de cuadros obedece a un dispositivo muy codificado que reencontramos aquí: escena de interior, simetría, personajes identificables descritos con acidez, agitación, detalles grotescos, véase escatológicos, colores llamativos, dibujo preciso, inscripciones, juego de palabras.

A las personalidades del conservatorio de Bruselas no las salva ni Ensor, ni un público, que arroja indiferentemente tanto flores y laureles, como también un gato, un pato y, por supuesto, un arenque ahumado (hareng-saur en francés), figura fetiche totémica (hareng-saur = Art Ensor). La partitura sujetada por la Señora Ida Servais, una famosa profesora de canto, genera una sucesión de malos juegos de palabras que amplifica el carácter burlón del culto wagneriano. Bajo la forma de un retrato colgado encima de los personajes, aparece el propio Wagner, llorando de enfado y tapándose los oídos.
El tratamiento de las fisionomías recuerda el afán particular de Ensor por las máscaras de carnaval. En el conservatorio se radica finalmente a medio camino entre la pintura y la caricatura, entre las figuras fantásticas de Bosch o de Brueghel y los dibujos de los diarios ilustrados contemporáneos.




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