Théodore Chassériau
Jefes de tribus árabes

Jefes de tribus árabes en combate singular, bajo las murallas de una ciudad
Théodore Chassériau (1819-1856)
Jefes de tribus árabes en combate singular, bajo las murallas de una ciudad
1852
Óleo sobre lienzo
Alt. 91; Anch. 118 cm
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Gérard Blot

Chefs de tribus arabes se défiant au combat singulier, sous les remparts d'une ville [Jefes de tribus árabes en combate singular, bajo las murallas de una ciudad]


En el arte occidental del siglo XIX, la imagen-tipo de la mujer oriental es tanto aquella de la indolente odalisca de harem, como la del hombre se encarna en el guerrero altivo, valiente pero cruel. En este particular, estos Jefes de tribus árabes pueden parecer como el pendiente "masculino" de otro cuadro de Chassériau conservado en el museo de Orsay: Tepidarium. Ambos hacen referencia a una visión estereotipada de Oriente, pero reinterpretada a lo largo de una estancia argelina que el pintor realiza durante el verano de 1846.

El combate nos adentra en un mundo sin piedad, en el que el odio y la violencia del enfrentamiento se leen en la manera de mirarse con desafío de ambos guerreros. En el primer plano, los dos jinetes se enfrentan en un duelo a muerte, mientras que en tierra yace un cuerpo, con un puñal todavía clavado en el torso. En el fondo los combates se persiguen y los cadáveres se amontonan. Colores cálidos y fríos se enfrentan también mediante las túnicas que visten los jefes. La oposición se intensifica por el hecho que uno de entre ellos se encuentra en tierra y el otro en el agua.

Mostrado en el Salón de 1852, Jefes de tribus árabes provoca un debate animado. Para sus detractores, Chassériau es un "pastichador". Recordamos en particular en el Combate del Giaur y Hassan de Delacroix (1826, The Art Institute of Chicago). Solo tres años más tarde, cuando el cuadro estaba de nuevo mostrado en la Exposición Universal de 1855, la opinión de la crítica es radicalmente diferente. Théophile Gautier que sin embargo había considerado en 1852 que la obra era más un boceto que un cuadro, opina esta vez que la composición captada "en el mismo corazón de las costumbres árabes, combina un muy bello estilo con el más exacto color local".




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