Georges Rochegrosse
El caballero de las flores

El caballero de las flores
Georges Rochegrosse (1859-1938)
El caballero de las flores
Antes de 1894
Óleo sobre lienzo
Alt. 235; Anch. 376 cm
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski


El caballero de las flores (detalle)
El caballero de las flores (detalle)
El caballero de las flores (detalle)
El caballero de las flores (detalle)

Le chevalier aux fleurs [El caballero de las flores]


A partir de su creación, las óperas de Richard Wagner generan una inmensa admiración, en particular acerca de los artistas de la generación simbolista, que se inspiran de éstas para numerosos temas de sus cuadros. Sedientos de ideal, están conquistados por la potencia de la obra del músico, que devuelve la vida a los grandes mitos y a las viejas leyendas. Cuando pinta El caballero de las flores, Rochegrosse ambiciona acercarse de la estética sofisticada y elitista de los simbolistas y beneficiarse de la boga de la época por los Prerrafaelitas ingleses. En 1894, el año en que fue mostrado el Caballero en el Salón, además diseña junto con Francis Auburtin los decorados de la obra La bella durmiente estrenada en el Teatro de l'Oeuvre, y cuyos trajes fueron diseñados por Edward Burne-Jones. De modo que no es de sorprender, verle aquí inspirarse de Parsifal (1882).
El momento representado es aquel en que Parsifal, el casto héroe predestinado para reconquistar el Santo Grial, acaba de abatir a los guardianes del castillo del mago Klingsor. Se aleja por el jardín encantado, haciendo oídos sordos a las llamadas de las jovencitas-flor, de las mujeres fatales con cuerpos a penas cubiertos por narcisos, peonías, rosas, lirios, tulipanes, violetas u hortensias.

Comparada con la mayoría de las pinturas wagnerianas, a menudo oscuras y trágicas, esta visión es muy inesperada. Temiendo tal vez los ataques, Rochegrosse explica en le Journal des Débats, del 2 de junio de 1894, haberse alejado voluntariamente del libreto de la ópera, para representar "la propia idea de la escena", con este ser insensible a las tentaciones, porque "prendado de ideal". Recibe al final las felicitaciones de la crítica y el Estado adquiere la obra para el museo del Luxemburgo. Rochegrosse se adaptó perfectamente a los gustos de la época, pintando un cuadro de apariencia moderna: trata un tema simbolista en un estilo realista, al que se añade un toque de impresionismo, en la manera de plasmar el paisaje y la vegetación. Además, la interpretación muy literal de la tentación, proporciona al conjunto, una dimensión carnal que no puede dejar al público insensible.




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