Jacques-Emile Blanche
El pintor Thaulow y sus hijos

El pintor Thaulow y sus hijos, también llamado La familia Thaulow
Jacques-Emile Blanche (1861-1942)
El pintor Thaulow y sus hijos, también llamado La familia Thaulow
1895
Óleo sobre lienzo
Alt. 180; Anch. 200 cm
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Le peintre Thaulow et ses enfants dit aussi La famille Thaulow [El pintor Thaulow y sus hijos, también llamado La familia Thaulow]


Sobre un fondo indistinto rápidamente esbozado, que evoca un oquedal, tal y como podría aparecer en una "conversation piece" de la pintura inglesa del siglo XVIII, Jacques-Emile Blanche plasma al artista Frits Thaulow (1847-1906), figura habitual de los círculos artísticos parisinos, pintando rodeado por sus hijos. Testimonio de amistad entre ambos hombres, el lienzo expresa también la fascinación de Blanche por esta alegre y generosa familia en el seno de la que reina una atmósfera muy alejada de las convenciones burguesas.
La obra fue sin embargo emprendida en condiciones difíciles, ya que la mente de Blanche estaba acaparada por el estado de salud de su madre, muy enferma. Será necesario que el propio Thaulow cuadricule un pequeño boceto preparatorio, para que su amigo reanude con sus pinceles y acabe el cuadro en "una especie de arrebato". Es pues, cuando está a punto de perder a su madre que Blanche logra pintar uno de sus más bellos lienzos, representando a una familia llena de vida, de amor y de ternura.

La composición se desarrolla en una espiral, iniciada en el centro con la línea de los pinceles, que se va ampliando. Incluye, en primer lugar, la paleta, antes de integrar el rostro del pintor, la mirada girada hacia su lienzo. Luego, se van añadiendo la pequeña Ingrid (1891-1983) y Harald (1887-1967) – ambos procedentes del segundo matrimonio de Thaulow con Alexandra Lasson -, y por fin Else (1880-1960), nacida de unas primeras nupcias con Ingeborg Gad, cuñada de Paul Gauguin.

Presentado en el Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de 1896, este cuadro de estructura muy rigurosa, a pesar del aspecto espontáneo del trabajo del pincel, renueva brillantemente la técnica de Blanche. El lienzo fue además alabado por una crítica unánime, lo que más tarde hará decir a Blanche que esta obra es la que le "consagró como pintor".




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