Henri Rousseau, llamado el Aduanero
La Guerra

La Guerra
Henri Rousseau, llamado el Aduanero (1844-1910)
La Guerra
Hacia 1894
Óleo sobre lienzo
Alt. 114; Anch. 195 cm
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / DR


Carrera de caballos, llamado El Derby de 1821 en Epsom

La Guerre [La Guerra]


Más de veinte años después del conflicto franco-prusiano de 1870 y de la Comuna de 1871, el Aduanero Rousseau, todavía marcado por estos acontecimientos, pinta La Guerra. En el centro, un personaje femenino amuecado sujeta una espada y una antorcha. Esta especie de Belona, diosa romana de la guerra, monta un caballo que se parece más a un monstruo híbrido. El suelo oscuro está cubierto por un montón de cuerpos, de cuervos deleitándose de esta carroña humana. Los árboles parecen calcinados. Las nubes son rojas. Sin elemento anecdótico o narrativo, Rousseau logra poner en imagen el drama. La abundancia de las formas despedazadas y sobre todo la elección de los colores contribuyen en ello: el verde de la esperanza está totalmente ausente; el negro y el rojo, colores del duelo y de la sangre, dominan.

Entre las fuentes posibles de La Guerra, una reutilización parece evidente. Se trata de la postura del caballo, especie de "galope volador", que se corresponde exactamente a la de los caballos del Derby de Epsom de Géricault (1821, París, museo del Louvre). Sin embargo, gracias a la descomposición del movimiento mediante la fotografía, se sabe en la época de Rousseau que esta posición es errónea y que nunca sucede en el galope de un caballo. También se puede citar La Noche de Hodler. En este cuadro, que tuvo una gran repercusión cuando se mostró en el Salón de los Artistas Franceses de 1891, los cuerpos tumbados paralelamente en el plano del lienzo, la gama coloreada y la presencia de la Muerte, en el centro de la composición, son cuantos elementos que hubiesen podido ser sugeridos a Rousseau por Hodler.

En el Salón de los Independientes de 1894, La Guerra fue recibido o por sarcasmos, debido a su aspecto torpe, o con entusiasmo, por su total independencia de estilo. Así mismo, el joven pintor Louis Roy escribe en Le Mercure de France: "esta manifestación ha podido parecer extraña porque no evocaba ninguna idea de algo ya visto. ¿A caso no es esto una calidad principal? [Rousseau] tiene el mérito, escaso hoy en día, de ser absolutamente personal. Tiende hacia un arte nuevo...".




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