Alfred Stevens
Lo que llamamos el vagabundeo

Lo que llamamos el vagabundeo
Alfred Stevens (1823-1906)
Lo que llamamos el vagabundeo
1854
Óleo sobre lienzo
Alt. 130; Anch. 165 cm
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski


Lo que llamamos el vagabundeo (detalle)
Lo que llamamos el vagabundeo (detalle)

Ce qu'on appelle le vagabondage [Lo que llamamos el vagabundeo]


Nacido en Bruselas en 1823, el pintor belga Alfred Stevens se fija en parís a partir de los años 1840. Este cuadro es representativo de la primera parte de su carrera, a lo largo de la que se dedica a representar la miseria de la época, en composiciones realistas.
La calle parisina es aquí el decorado de un drama urbano. Soldados se llevan a la cárcel por delito de vagabundeo a una madre y a sus hijos, vestidos con harapos. Una dama elegante quiere interceder acerca de los soldados, mientras que un viejo obrero, inválido, ya ha renunciado. Tentativa fracasada de antemano como lo muestra el gesto de rechazo de un soldado. Encontramos de nuevo una escena similar en Cosas vistas de Victor Hugo.
En el largo muro gris, carteles evocan las especulaciones inmobiliarias ("venta por atribución") y los placeres de la buena sociedad ("baile"), que contrastan con la pobreza descrita. Los diversos grupos sociales que conviven en el espacio urbano se encuentran aquí yuxtapuestos, en una composición emocionante y el papel del Estado, meramente represivo, se sale bien parado.
El objetivo de Stevens es precisamente de denunciar la miseria de las ciudades y el tratamiento cruel reservado a los indigentes. El mensaje encuentra un eco en Napoleón III° que hubiese declarado ante este cuadro durante la Exposición Universal de 1855: "Esto no sucederá nunca más." Por consecuencia, el Emperador ordena que los vagabundos sean de ahora en adelante llevados a la Conciergerie, disimulados en un coche cerrado, y ya no a pie.




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