Claude Monet
Los carboneros

Los carboneros también llamado Los Descargadores de carbón
Claude Monet (1840-1926)
Los carboneros también llamado Los Descargadores de carbón
Vers 1875
Hacia 1875
Alt. 54; Anch. 66 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Jean-Gilles Berizzi

Les charbonniers dit aussi Les déchargeurs de charbon [Los carboneros también llamado Los Descargadores de carbón]


Monet comparte las preocupaciones de sus contemporáneos, como el pintor Degas o el novelista Zola, que pretenden evocar la vida moderna bajo sus diversos aspectos. El artista residió en Argenteuil de 1871 a 1878, y acudía con frecuencia a París con el tren; éste cruzaba el Sena, por el puente ferroviario de Asnières, cerca del que se desarrolla la escena. El puente que vemos delante es el puente de la carretera de Asnières, y adivinamos en lo lejano, en lo grisáceo, el puente de Clichy.

Esta escena, que muestra a obreros, sigue siendo atípica en la obra de Monet. El Sena no es aquí el divertido río donde se celebran regatas, sino el que acarrea barcazas. Los muelles no están bordeados de árboles, pero de chimeneas humeantes. Los paseantes del domingo, dejan paso a descargadores de carbón que vacían las chalanas (barcazas) para abastecer la cercana fábrica.

Desde luego el cuadro no revela ninguna crítica social: el punto de vista distanciado, privilegia el paisaje urbano como la grabación de un espectáculo banal y cotidiano. Pero los tonos apagados, que van del verde al gris, proporcionan a la escena una atmósfera sorda. Las siluetas a contraluz, despersonificadas, colocadas en filas paralelas al ritmo mecánico de los puentes, también conforman una imagen de tristeza de la condición obrera. Las figuras se someten a importantes condicionantes, debido al ritmo de la composición: El arco del puente impone su masa, la gran oblicua de las barcazas cruza el lienzo, mientras que las líneas de las tablas, proporcionan una particular y obsesiva escansión. La analogía con las estampas japonesas que coleccionaba Monet, de las vistas de Edo por Hokusai y Hiroshige, es indiscutible.




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