James Tissot
Retrato del marqués y de la marquesa de Miramon y de sus hijos

Retrato del marqués y de la marquesa de Miramon y de sus hijos
James Jacques Joseph Tissot (1836 - 1902)
Retrato del marqués y de la marquesa de Miramon y de sus hijos
1865
Óleo sobre lienzo
Alt. 177; Anch. 217 cm.
© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Portrait du Marquis et de la Marquise de Miramon et de leurs enfants [Retrato del marqués y de la marquesa de Miramon y de sus hijos]


En la terraza del castillo de la familia, el marqués de Miramon posa junto con su esposa Thérèse y sus dos primeros hijos. Tissot domina aquí con elegancia las reglas del retrato mundano y su composición aparece como la más compleja que hubiese concebido hasta la fecha.
La elección de un marco natural, poco frecuente en la historia del retrato francés, remite a la tradición inglesa del retrato aristocrático situado en el campo. Animan la escena, la distensión de la pose del marqués, la pierna plegada y la mirada de lado del niño – señas de la impaciencia infantil que parecen citar aquellas de la joven Giulia de La familia Bellelli de Degas -, el perro bonachón o el incongruente y sofisticado bodegón de la derecha. Inspirándose de este modo de los ejemplos de allende la Mancha, el artista se libera de las convenciones establecidas.
Desde 1859, Tissot había elegido reivindicar su anglofilia, adoptando el nombre de James, y este cuadro, perfectamente en fase con la disposición de sus modelos, constituye una de las primeras expresiones artísticas de esta pasión. Además, la bella nota otoñal de la obra debe sin duda mucho a los británicos Dante Gabriel Rossetti y John Everett Millais, con quienes Tissot se relacionaba en Londres. Sigue sin embargo fiel a la lección de Ingres, en particular en los irisados de las telas que demuestra las delicadezas de un determinado oficio y expresa el recuerdo del comercio familiar de paños y sombreros.  
El Retrato del marqués y de la marquesa de Miramon y de sus hijos aparece pues como un ejemplo capital del brillante arte, de Tissot en los años 1860, y afirma la importancia de un artista particularmente refractario a las categorías establecidas.




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