Henri Fantin-Latour
Un taller en las Batignolles

Un taller en las Batignolles
Henri Fantin-Latour (1836-1904)
Un taller en las Batignolles
1870
Óleo sobre lienzo
Alt. 204; Anch. 273,5 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Un atelier aux Batignolles [Un taller en las Batignolles]


Las Batignolles era el barrio donde vivía Manet y parte importante de los futuros impresionistas. Fantin-Latour, testigo discreto de dicha época, reúne entorno a Manet, consagrado jefe de la escuela, jóvenes artistas con innovadoras ideas: de izquierda a derecha, podemos reconocer a Otto Schölderer, pintor alemán que vino a Francia para conocer a los discípulos de Courbet; Manet, con el rostro agudo, sentado delante de su caballete; Auguste Renoir, con sombrero; Zacharie Astruc, escultor y periodista; Emile Zola, portavoz de la renovación pictórica; Edmond Maître, funcionario del Ayuntamiento; Frédéric Bazille, que desaparecerá pocos meses después, con veintiséis años de edad, durante la guerra de 1870; por fin: Claude Monet.

Las poses son sobrias, los trajes severos, los rostros casi graves: Fantin-Latour quiere que estos jóvenes artistas, por aquel entonces muy denigrados, sean percibidos como personalidades serias y respetables. La atmósfera general del taller también tiene matices de sobriedad: escasos detalles, pocos elementos de decorado. Solo dos accesorios recuerdan al espectador algunas elecciones estéticas de la nueva escuela: la estatuilla de Minerva demuestra el debido respeto a la tradición antigua; el jarrón de gres de estilo japonés alude la admiración de esta generación por el arte nipón.

En este retrato de grupo mostrado en el Salón de 1870, cada uno parece posar para la posteridad. Esta obra afirma los vínculos que mantenía Fantin-Latour con la vanguardia de la época y con Manet en particular. Se hace eco de la opinión de Zola respecto a Manet: "Entorno al pintor vilipendiado por el público se ha formado un frente común de pintores y escritores que lo reivindican como un maestro". En cuanto a Edmond de Goncourt, él, se burla en su diario del que nombra "el distribuidor de gloria a los genios de cervecerías".




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