Gustave Courbet
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Gustave Courbet


Musée d'Orsay. Pavillon Amont, niveau 0© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Procedente del romanticismo, como lo indican sus autorretratos en conquistador o en herido por la vida, Gustave Courbet (1819-1877) proporcionó un segundo aliento a la búsqueda de verdad de sus predecesores.
Su formación, en el París de Luís Felipe, alcanza la madurez cuando conoce a Baudelaire y se enfrenta a los acontecimientos de 1848. Combinando a su manera poesía y política, su pintura pretende ser, muy pronto, tan sincera como crítica.L'Atelier [El taller], mostrado en 1855 para resumir su propia revolución, ubica al pintor en el centro de su creación y de la sociedad.
Lejos de ser una mera imitación de la realidad, como lo manifiestan sus enemigos a partir de 1849, el realismo pretende ser su traducción viva y personal.

Orgulloso de sus orígenes del Franco Condado, Courbet empieza por reformar la imagen de los campesinos. Un enterrement à Ornans [Un entierro en Ornans], alegoría republicana, muestra en pie la población de su ciudad natal. Los patanes visten traje negro y desafían la capital, desde toda su altura. Se confisca el gran formato, en beneficio de los personajes en la sombra.
Tras proporcionarles una nueva dignidad, el pintor se dedica a los demás géneros. Sus paisajes desbordan de sabia, sus temas animalarios de energía, velados o no por la melancolía. A este Courbet se le aceptará muy pronto, al contrario del pintor de desnudos. Encarnados, los cuerpos se alejan de las proporciones ideales y de los perfiles perfectos.
El registro de Courbet es amplio, de la imagen libertina a la crudeza absoluta del Origine du monde [El origen del mundo] (sala 20), vista frontal de un sexo femenino y símbolo de una libertad de mirada sin límites.

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© Musée d'Orsay / Sophie Boegly

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