


La Academia de Bellas Artes tiene por vocación contribuir a la defensa y al desarrollo del patrimonio artístico francés, en el pluralismo de las expresiones. Se compone de miembros electos vitalicios, elegidos en general por su apego a la tradición. Parte de los académicos componen los jurados que controlan el Salón, el Premio de Roma y la atribución de encargos públicos.
Emile Zola evoca, en La Obra, el trabajo del jurado: "Todos los días se encontraban preparadas por los vigilantes interminables hileras de cuadros colocados en el suelo, apoyados en los cimacios, desfilando por las salas de la primera planta [...] Los juicios se sentenciaban en pie, se apresuraba lo más posible el trabajo, rechazando sin voto los peores cuadros; sin embrago, a veces las conversaciones detenían al grupo y se discutía durante diez minutos [...]."
De 1851 a 1867, estas exposiciones están organizadas alternativamente por Inglaterra y Francia, que imponen de este modo su hegemonía al resto del mundo. La primera Exposición Universal de 1851 se celebra en el Crystal Palace de Londres. París recibe la siguiente en 1855 en el Palais de l'Industrie. Participan cincuenta y tres estados con algunas de sus colonias. Posteriormente llegan las Exposiciones Universales de 1867, 1878 (construcción del Palacio del Trocadéro, destruido en 1937), 1889 (erección de la Torre Eiffel), 1900 (creación del Petit y del Grand Palais, de las estaciones de Lyon y de Orsay).
En la Exposición Universal de 1855, el edificio de la sección de Bellas Artes (pintura, grabado, litografía, escultura y medallas, arquitectura) recibe a 2176 artistas, entre ellos 1072 franceses. Sus obras son vistas por un millón de visitantes.
Los pintores Eugène Delacroix, Dominique Ingres y Ernest Meissonier se cuentan entre los galardonados franceses, mientras que Gustave Courbet se singulariza exponiendo sus obras en el "Pabellón del Realismo", al margen de la exposición oficial.