


"Courbet es un realista, soy un realista: ya que lo dicen los críticos, les dejo que lo vayan diciendo. Pero confieso, muy avergonzadamente, no haber estudiado jamás el código que contienen las leyes, mediante las que, el primero que pasa, se puede permitir producir obras realistas."
Champfleury, Del Realismo, Carta a la Sra. Sand, septiembre de 1855
Contemporáneo de los comienzos de la fotografía, Courbet la utiliza en su obra, en particular para pintar la mujer desnuda situada detrás de él en el Taller, y posteriormente para El Castillo de Chillon. Pero las intenciones del pintor están muy alejadas del mimetismo fotográfico, su voluntad consiste en dar a ver una visión personal de lo real, que a veces se enfrenta a la incomprensión de sus contemporáneos.
Varios escándalos marcan la carrera de Courbet, pero estos episodios le permiten también mantener su reputación y no le impiden ni el reconocimiento, ni el éxito comercial. De modo que, demostrando absolutamente que su éxito no aliena para nada su libertad creadora, Courbet conserva un lugar destacado en el escenario artístico.
En 1878, Champfleury, el glorificador del Realismo, elogia a Daumier, un artista completo, más reconocido como caricaturista que como pintor y escultor. Al igual que Courbet, Daumier fue "un pintor de su tiempo", pero este último se esmera en dar testimonio de acontecimientos sociales o políticos, como en La calle Transnonain (1834), o produce obras alegóricas, como La República (1848).
Courbet, por el contrario, no expresa directamente sus firmes convicciones republicanas en su pintura. Pese a representar los ambientes populares, considera de hecho que su arte no tiene porqué ser didáctico o propagandista. Para la revista Le salut public, dirigida por sus amigos Baudelaire y Champfleury, Courbet realiza, no obstante, un dibujo de las barricadas de 1848, muy inspirado por Delacroix.
Pese a que ambos procedan de familias campesinas acomodadas y sean pintores del medio rural, las trayectorias de Millet y de Courbet, cercanos cuando pintaban Un cribador (1866-1868) y Las cribadoras de trigo (1854) respectivamente, se alejan con el paso del tiempo.
Courbet pinta sin teatralizar, lo que lo diferencia de los demás realistas que desarrollan su arte a partir de motivos populares, pero con una inclinación hacia una dramatización o un miserabilismo post-romántico, en particular Isidore Pils, Octave Tassaert y Alexandre Antigna.Apodado el "Corregio del dolor", Octave Tassaert, pintor de Una familia infeliz (1849) fue admirado por el escritor romántico Théophile Gautier, que opone este realista a Courbet. Según el poeta y crítico, Tassaert "pinta la miseria y no la abyección, la trivialidad y no lo feo, el pueblo y no lo canalla".
En Tassaert, católico y fatalista, el orden social nunca se discute. Con Los picapedreros, denuncia, al contrario, la condición de estos hombres, forzados a un trabajo tan penoso como absurdo. Representan según el pintor "la expresión más completa de la miseria".
El Incendio (1850) de Alexandre Antigna es una pintura de gran formato que representa a una familia desamparada. Este drama doméstico sin carácter histórico puede ser interpretado como la metáfora de la condición del obrero miserable. Este tipo de puesta en escena no está presente en Bomberos corriendo hacia un incendio pintado por Courbet en 1850-1851.
El registro animal, como la representación de las escenas campesinas, pueden acercar a Rosa Bonheur y su Labranza en nivernés (1849) a Courbet, pero la obra de Rosa Bonheur, que alcanza el éxito comercial y crítico, ignora la realidad social y política contemporánea.
Si Rosa Bonheur tiene una lucha, es la de una mujer que quiere ser reconocida como artista, no la de un pintor en contra de la tradición. Otros, como ella, ofrecen solo una visión nostálgica y edulcorada de las labores del campo.
Este fue en particular el caso de Constant Troyon, en el que el ambiente bucólico de los Bueyes que van a labrar (1855), por ejemplo, está bastante alejado de la trivialidad de los cuadros de Courbet. En este último la representación de los animales a menudo lleva una fuerte carga dramática, sin duda porque más allá de una simple representación naturalista, Courbet encontraba aquí la ocasión de hacer autorretratos, en forma de parábolas de animales.Alfred Stevens muestra, en su cuadro titulado Lo que llamamos el vagabundeo, a soldados llevando a la cárcel a una madre y a sus hijos, por el delito de vagabundeo. El emperador Napoleón III, conmovido por el cuadro presentado en la Exposición Universal de 1855, decide que a partir de entonces se llevarán a los vagabundos a la Conciergerie en coche cerrado.