El Realismo

"Courbet es un realista, soy un realista: ya que lo dicen los críticos, les dejo que lo vayan diciendo. Pero confieso, muy avergonzadamente, no haber estudiado jamás el código que contienen las leyes, mediante las que, el primero que pasa, se puede permitir producir obras realistas."
Champfleury, Del Realismo, Carta a la Sra. Sand, septiembre de 1855

Gustave CourbetLos campesinos de Flagey© Musée d'Orsay, Paris
El Realismo aparece principalmente en Francia y en Gran Bretaña, durante la segunda mitad del siglo XIX, antes de conquistar Estados Unidos. En sus comienzos, este movimiento se manifiesta tanto en literatura, con Balzac, Champfleury (Jules François Félix Husson) y Louis Edmond Duranty, como en pintura con un cierto número de artistas, entre ellos Gustave Courbet. En un periodo marcado por la oposición entre el Romanticismo y el Clasicismo, el Realismo abre una nueva vía, evocando la realidad sin idealización y abordando temáticas políticas y sociales.

Realismo no es mimetismo

Gustave Courbet El taller del pintor (detalle)© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
No hay que entender "realismo" como un intento de imitación servil de lo real. Se trata, para Courbet, de tomar por objeto la realidad del mundo que le rodea. El pintor desea "plasmar las costumbres, las ideas, el aspecto de su época", pero destacando su "propia individualidad".

Contemporáneo de los comienzos de la fotografía, Courbet la utiliza en su obra, en particular para pintar la mujer desnuda situada detrás de él en el Taller, y posteriormente para El Castillo de Chillon. Pero las intenciones del pintor están muy alejadas del mimetismo fotográfico, su voluntad consiste en dar a ver una visión personal de lo real, que a veces se enfrenta a la incomprensión de sus contemporáneos.
Varios escándalos marcan la carrera de Courbet, pero estos episodios le permiten también mantener su reputación y no le impiden ni el reconocimiento, ni el éxito comercial. De modo que, demostrando absolutamente que su éxito no aliena para nada su libertad creadora, Courbet conserva un lugar destacado en el escenario artístico.

Un arte opuesto a la idealización

Gustave Courbet 
 (1819-1877)
 Un enterrement à Ornans, dit aussi Tableau de figures humaines, historique d'un enterrement à Ornans [Un entierro en Ornans, también llamado Cuadro con figuras humanas, histórico de un entierro en Ornans]
 Entre 1849 y 1850
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 315; Anch. 668 cm.
 París, museo de Orsay, donación de la Srta. Juliette Courbet, 1877
Gustave CourbetUn entierro en Ornans© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
En el preámbulo del catálogo de la exposición de 1855, Gustave Courbet declara que "hay que saber para hacer", antes de añadir después que, se fija como objetivo producir "arte vivo".
La profesión de fe es clara: sigue la enseñanza de los antepasados y acude con frecuencia al Louvre, pero no pretende perpetuar una tradición estancada. Fundamentalmente, Courbet se opone a la enseñanza académica de la Escuela de Bellas Artes, de la que rechaza las normas. Se aleja de los temas mitológicos o históricos y arraiga su práctica en su época, representando lo que le rodea.

Los realistas

Honoré Daumier 
 (1808-1879)
 La République [La República]
 1848
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 73; Anch. 60 cm.
 París, museo de Orsay, donación de Etienne Moreau-Nélaton, 1906
Honoré DaumierLa República© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
Sin rechazar totalmente el término de Realismo —él mismo le da nombre al edificio que hace construir para su exposición de 1855 "Pabellón del Realismo"— Courbet quiere distanciarse de esta esfera de influencia "que nadie, es de esperar, está en la obligación de entender bien". Es posible, en efecto, citar muchos más pintores contemporáneos, más o menos cercanos a la nebulosa realista. El Realismo aparece desde entonces como un movimiento heterogéneo y no estructurado.

En 1878, Champfleury, el glorificador del Realismo, elogia a Daumier, un artista completo, más reconocido como caricaturista que como pintor y escultor. Al igual que Courbet, Daumier fue "un pintor de su tiempo", pero este último se esmera en dar testimonio de acontecimientos sociales o políticos, como en La calle Transnonain (1834), o produce obras alegóricas, como La República (1848).
Courbet, por el contrario, no expresa directamente sus firmes convicciones republicanas en su pintura. Pese a representar los ambientes populares, considera de hecho que su arte no tiene porqué ser didáctico o propagandista. Para la revista Le salut public, dirigida por sus amigos Baudelaire y Champfleury, Courbet realiza, no obstante, un dibujo de las barricadas de 1848, muy inspirado por Delacroix.

Jules Breton El llamamiento de las espigadoras© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
En sus comienzos, Jean-François Millet y Jules Breton representaron el mundo laboral sin magnificarlo, pero tendrán éxito dando una imagen casi nostálgica del mundo rural.
En su célebre Angelus (entre 1857 y 1859), Millet llega incluso a proporcionar un carácter icónico a su pareja de campesinos. Las campesinas de Jules Breton (El llamamiento de las espigadoras, 1859) quedan muy lejos de la rudeza de los Picapedreros (1850) de Courbet. Millet en Las espigadoras (1857), otorga una cierta nobleza a los más pobres representantes del mundo campesino. Courbet, en La sobremesa en Ornans o El entierro en Ornans, los muestra simplemente tal y como son.

Pese a que ambos procedan de familias campesinas acomodadas y sean pintores del medio rural, las trayectorias de Millet y de Courbet, cercanos cuando pintaban Un cribador (1866-1868) y Las cribadoras de trigo (1854) respectivamente, se alejan con el paso del tiempo.

Isidore PilsMuerte de una hermana de caridad© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Jean Schormans
Courbet pinta sin teatralizar, lo que lo diferencia de los demás realistas que desarrollan su arte a partir de motivos populares, pero con una inclinación hacia una dramatización o un miserabilismo post-romántico, en particular Isidore Pils, Octave Tassaert y Alexandre Antigna.
Courbet, cuando evoca la muerte, lo hace crudamente, mediante animales sacrificados (animales de caza o peces extraídos) o de la observación casi etnológica de las usanzas mortuorias en la región del Franco-Condado (El aseo de la muerta). El carácter patético de la ceremonia religiosa pintada en Un entierro en Ornans se circunscribe al grupo de las plañideras.

Apodado el "Corregio del dolor", Octave Tassaert, pintor de Una familia infeliz (1849) fue admirado por el escritor romántico Théophile Gautier, que opone este realista a Courbet. Según el poeta y crítico, Tassaert "pinta la miseria y no la abyección, la trivialidad y no lo feo, el pueblo y no lo canalla".
En Tassaert, católico y fatalista, el orden social nunca se discute. Con Los picapedreros, denuncia, al contrario, la condición de estos hombres, forzados a un trabajo tan penoso como absurdo. Representan según el pintor "la expresión más completa de la miseria".

Alexandre AntignaEl incendio© Musée d'Orsay, Paris
El Incendio (1850) de Alexandre Antigna es una pintura de gran formato que representa a una familia desamparada. Este drama doméstico sin carácter histórico puede ser interpretado como la metáfora de la condición del obrero miserable. Este tipo de puesta en escena no está presente en Bomberos corriendo hacia un incendio pintado por Courbet en 1850-1851.

El registro animal, como la representación de las escenas campesinas, pueden acercar a Rosa Bonheur y su Labranza en nivernés (1849) a Courbet, pero la obra de Rosa Bonheur, que alcanza el éxito comercial y crítico, ignora la realidad social y política contemporánea.

Si Rosa Bonheur tiene una lucha, es la de una mujer que quiere ser reconocida como artista, no la de un pintor en contra de la tradición. Otros, como ella, ofrecen solo una visión nostálgica y edulcorada de las labores del campo.

Rosa Bonheur 
 (1822-1899)
  Labourage nivernais, dit aussi Le sombrage  [Labranza en nivernés,  también llamado El Sombreado]
 1849
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 1,34; Anch. 2,6 m.
 París, museo de Orsay
Rosa Bonheur Labranza en nivernés© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / DR
Este fue en particular el caso de Constant Troyon, en el que el ambiente bucólico de los Bueyes que van a labrar (1855), por ejemplo, está bastante alejado de la trivialidad de los cuadros de Courbet. En este último la representación de los animales a menudo lleva una fuerte carga dramática, sin duda porque más allá de una simple representación naturalista, Courbet encontraba aquí la ocasión de hacer autorretratos, en forma de parábolas de animales.

Alfred Stevens muestra, en su cuadro titulado Lo que llamamos el vagabundeo, a soldados llevando a la cárcel a una madre y a sus hijos, por el delito de vagabundeo. El emperador Napoleón III, conmovido por el cuadro presentado en la Exposición Universal de 1855, decide que a partir de entonces se llevarán a los vagabundos a la Conciergerie en coche cerrado.

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