Musée d'Orsay: El museo en movimiento

El museo en movimiento

Las salas de un gran museo viven al compás de los movimientos de las obras. Nuevas muestras, adquisiciones recientes, devoluciones de préstamos, restauraciones, asociaciones inéditas, depósitos... por pequeños toques, o con motivo de transformaciones más importantes, la presentación de las colecciones evoluciona constantemente. En esta página, consulte regularmente las principales informaciones relativas a los cambios en las galerías del museo de Orsay, las novedades por descubrir...

Artes decorativas Segundo Imperio

Artes decorativas Segundo Imperio© Musée d'Orsay / Sophie Boegly-Crépy
Segundo Imperio artes decorativas se pueden ver en una nueva configuración en las salas 22 y 23 en la planta baja del museo.

En un entorno opulento, muebles, jarrones y otros objetos decorativos dan testimonio del esplendor y la inventiva que caracterizaron este período. Algunas pinturas, retratos que evocan interiores de oro oficiales de la época, completan la muestra.

El punto culminante de la sala es sin duda la majestuosa fuente de agua bendita, regalo de la Compañía de Cristales de Lyon a la Emperatriz Eugenia en la Exposición Universal de 1867, que brilla en una vitrina con varios espejos diseñada específicamente para el museo. El público del museo de Orsay pudo descubrir este objeto monumental durante la exposición Segundo Imperio espectacular. És parte del suntuoso préstamo concedido por el Mobiliario Nacional al Museo de Orsay.

El estilo Segundo Imperio se caracteriza por el eclecticismo de las fuentes artísticas, de las que se inspira, que van de la Antigüedad, el Renacimiento hasta el siglo XVIII. Esta diversidad se muestra en los interiores de la aristocracia y de una burguesía triunfante, enriquecida en el negocio, la industria y la banca. El mobiliario y la decoración interior viven un periodo fasto que refleja el optimismo económico del reino de Napoleón III, que se impone en París, mediante la política de urbanización de la capital, dirigida por Haussmann.

Artes decorativas Segundo Imperio© Musée d'Orsay / Sophie Boegly-Crépy
Los progresos técnicos y la superioridad de las artes industriales se muestran claramente en las Exposiciones Universales, en las que las naciones rivalizan de ingeniosidad y de lujo. La situación primordial, conservada por Francia, en las artes decorativas, le ofrece una reputación de excelencia. En el marco del Estado, las producciones de la Manufactura de Sèvres siguen siendo uno de los mejores embajadores del país, y proveen con frecuencia regalos diplomáticos, contribuyendo en la legendaria “Fiesta Imperial”.

El museo de Orsay agradece al Mobilier national el deposite excepcional de los vasos en el marco de la apertura de los salas de Artes decorativas Segundo Imperio.

Artes decorativas Segundo Imperio© Musée d'Orsay / Sophie Boegly-Crépy

Nueva adquisición: "El Paraíso perdido" de Alexandre Cabanel

Alexandre CabanelEl Paraíso perdido© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
En 1863, el Rey Maximiliano II de Baviera solicita a Alexandre Cabanel decorar el Maximilianeum de Múnich. Este edificio estaba destinado a la formación de la élite bávara e incluía una galería que ilustraba los momentos clave de la historia universal.
Encargado de representar el episodio bíblico del pecado original, la pintura renueva esta iconografía tradicional organizándola en torno a la figura de Eva, cuya sensualidad recordaba a la de la famosa Venus del salón de 1863.

Este decorado excepcional fue destruido durante el bombardeo de 1945, pero se conserva una réplica en tamaño reducido realizada por el artista, único testimonio de la obra original.
Recientemente adquirida por el museo de Orsay, esta obra se presenta actualmente en la sala 2, nivel 0.

Un cuadro de Cabanel restaurado

Una restauración fundamental ha sido realizada en 2015 en el cuadro de Cabanel La muerte de Francesca da Rimini y de Paolo Malatesta.

El barniz irregular y opacado que cubría el lienzo había sido antiguamente aligerado de manera selectiva privilegiando la escena central. La restauración consistió en reducir las capas de barniz, equilibrar las zonas de tonalidades diferentes, y subsanar las eventuales deficiencias del cuadro.
Estas intervenciones permitieron una nueva y mejor lectura de esta historia real que inspiró a Dante la idea de un círculo del infierno de la Divina Comedia. La regularización del barniz restituye no sólo el espacio pictórico mediante la justa sucesión de planos, sino que también da nueva vida a los suntuosos colores de la composición.

El cuadro restaurado puede verse actualmente en la planta baja del museo de Orsay.

Leer el comentario de la obra.

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La pintura en el Salón

Henri GervexSesión del jurado© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / DR
Galerie Seine
Creado en 1699, en la segunda mitad del siglo XIX, el Salón es la exposición, a la vez institucional y popular, que permite darse a conocer a los artistas. Una sesión del jurado de pintura de Gervex muestra la importancia del acontecimiento y de la reacción de los miembros del jurado al otorgar premios o de los críticos, al escribir en los periódicos. Las colecciones del museo de Orsay reflejan el gusto oficial, gracias a los numerosos cuadros adquiridos por el Estado, tras el Salón, para el museo del Luxemburgo, dedicado al arte contemporáneo de la época.

Considerado, durante mucho tiempo, como un lugar de promoción del academicismo, el Salón permite en realidad la confrontación de experimentaciones artísticas diversas. Algunos artistas reintroducen temas procedentes de la Antigüedad o de la Biblia, renovando las fórmulas tradicionales mediante el estilo y la composición, como Elie Delaunay, mientras que otros privilegian la literatura o hechos destacados de la historia nacional, igual que Jean-Paul Laurens. Estos cuadros retransmiten de este modo las innovaciones de las vanguardias y anuncian, por su puesta en escena, el cine del próximo siglo.

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Salas Luxemburgo

Musée d'Orsay - Salle 1© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Las primeras salas del recorrido de la visita, qué acaban de estar renovadas, se llaman de aquí en adelante “Luxemburgo”, en recuerdo a un museo que desempeñó un papel central en la vida artística francesa del siglo XIX: el “Museo de los artistas vivos”, instalado en el palacio y en el invernadero de los naranjos u Orangerie del Luxemburgo, en París.

A partir de 1818, y hasta la creación del museo de arte moderno en el palacio de Tokio en 1937, esta institución tenía por vocación alojar parte de las pinturas, esculturas y, posteriormente, dibujos, comprados o encargados por el Estado a artistas en vida o muertos desde hacía menos de diez años, así como a generosas donaciones de particulares.
Se trata del mayor museo de arte contemporáneo del mundo: la opinión pública le reconocía un papel de asesor, y el honor de tener en él sus obras expuestas era el sueño de numerosos artistas, primero exclusivamente franceses, antes de que el museo se abriese paulatinamente a los artistas extranjeros, a partir de la década de 1860. En efecto, el ingreso en el Luxemburgo les daba la esperanza de ver sus obras entrar un día, tras su muerte, en el prestigioso museo del Louvre, el panteón de los artistas.

Musée d'Orsay - Salle 4© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Aunque algunos reformadores de la pintura, como Delacroix, Rodin, Ingres o también Gustave Moreau tuvieron esta suerte bastante pronto en su carrera, la administración no se atrevió en seguir todas las vanguardias de su época: Courbet, Millet, Manet, Lautrec o Van Gogh nunca ingresaron en vida en el Luxemburgo.
A partir de la década 1870, las críticas fueron más intensas, acusando al museo de ignorar los talentos originales y de limitarse a un arte oficial académico. Gauguin, también descartado, despreciaba el Luxemburgo como una “amplia cárcel, un lupanar obligatorio”.

No obstante, no se debe olvidar la actuación de directores ilustrados como Philippe de Chennevières o Léonce Bénédite, así como la iniciativa de grandes donantes como Gustave Caillebotte, Isaac de Camondo, Étienne Moreau-Nélaton y Alfred Chauchard que supieron llenar los vacíos, haciendo entrar, en las colecciones del Estado, los pintores de Barbizon, Manet y los impresionistas. La colección actual del museo de Orsay es la herencia de dicha historia.

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Vidrios pintados por Gauguin


Paul GauguinTahitiana en un paisaje© RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Daniel Arnaudet
Desde su inauguración en 1986, el museo de Orsay jamás había podido mostrar dos obras de Gauguin que formaban parte de sus colecciones. Se trata de vidrios pintados que no se podían mostrar, debido a su estado de conservación, así como a la falta de espacios adecuados para presentarlos. Hoy, tras una larga restauración y la creación de vitrinas específicas, los visitantes pueden por fin admirarlas en las salas.

Motivos florales y vegetales y Tahitiana en un paisaje, están fechados de 1893, cuando Gauguin se instala en París tras su primera estancia polinesia. Prosigue entonces sus investigaciones decorativas, iniciadas a finales de los años 1880 cuando decoró las ventanas del albergue de Marie Henry en el Pouldu, y que continuó en Tahití en 1892, al pintar el vidrio de una casa.
Paul GauguinMotivos florales y vegetales © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Daniel Arnaudet

En París, queriendo sin duda rodearse de una decoración exótica, elige esta vez como soporte las puertas acristaladas de su taller de la rue Vercingétorix y compone estos dos paisajes. Se quedarán allí, cuando el artista se marche para su último viaje en 1895, y solo se desmontarán en 1905. Al final será la viuda del pintor americano Harold English, su último propietario, quien las donará a los museos franceses, en 1958.

Esta presentación constituye pues un verdadero acontecimiento, ya que estas obras, salidas de las reservas, son el testimonio de una de las preocupaciones centrales de Gauguin; el que declara en una carta a su amigo Daniel de Monfreid: "La vidriera simple atrae la mirada por sus divisiones de colores y de formas, por ello también es lo mejor que hay".

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