El museo en movimiento

Las salas de un gran museo viven al compás de los movimientos de las obras. Nuevas muestras, adquisiciones recientes, devoluciones de préstamos, restauraciones, asociaciones inéditas, depósitos... por pequeños toques, o con motivo de transformaciones más importantes, la presentación de las colecciones evoluciona constantemente. En esta página, consulte regularmente las principales informaciones relativas a los cambios en las galerías del museo de Orsay, las novedades por descubrir...

Pierre-auguste Renoir : "El Payaso musical" sala 14

Presentación excepcional : El Payaso musical, Pierre-Auguste Renoir


Auguste RenoirLe clown musical© Kröller-Müller Museum
El modelo de este impresionante retrato, del que podemos apreciar la precisión hasta en la expresión del rostro maquillado y los detalles del traje, tal vez sea James Bollinger Mazutreek, un payaso violinista famoso que actuaba en los circos populares donde le gustaba acudir a Renoir.
Excepcional por sus dimensiones, dignas de un retrato de gala aristocrático al estilo de Velázquez, el cuadro habría sido un encargo del propietario del café a proximidad del Circo Napoleón en París (hoy en día el Cirque d'hiver).

Inhabituales en la obra de Renoir en esta época, los contornos nítidos y dibujados que destacan la silueta del payaso en la pista, la balaustrada y las filas de espectadores rápidamente esbozados, se explican tal vez mediante el primer destino de una obra que pretende tener la misma eficacia que la imagen de un letrero.
Esta simplificación de las formas, combinada con la franqueza de la ejecución y el efecto de realismo le deben también mucho a Manet del que se comparaba entonces Le Fifre [El Pífano] (1866, museo de Orsay) con un naipe. Sobre todo, El Payaso utiliza la composición de otro cuadro de Manet, que Renoir admiraba: Mademoiselle V. en costume d'espada [La Señorita V. en traje de torero] de 1862 (Nueva York, The Metropolitan Museum of Art).

Renoir quiere entonces renovar la pintura de su época, inspirándose en la vida moderna: así es como se interesa al mundo de las diversiones y del circo, como lo harán Degas, Toulouse-Lautrec, Seurat o también Picasso, Hopper o Fellini, en el siglo siguiente.
Lejos de celebrar la alegría y el frenesí del espectáculo, Renoir presenta aquí un payaso apartado y pensativo, en medio de los espectadores detenidos y distantes. Esta visión desencantada forma parte de una amplia tradición pictórica, literaria y posteriormente cinematográfica, en la que el saltimbanqui se convierte en una metáfora del estatuto del artista y de la condición humana.

Este cuadro ha sido prestado de forma excepcional al museo de Orsay por el museo Kröller-Müller de Otterlo (Países Bajos), que presenta en el mismo momento Cirque [Circo] de Seurat (museo de Orsay).
Este museo, fundado en 1938 por Helene Kröller-Müller, quien compró El Payaso en 1919, aloja una de las más importantes colecciones de arte moderno y contemporáneo del mundo, con obras esenciales de Van Gogh, Seurat, Signac, Picasso, Léger o Mondrian.

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Dominique Papety : "Sueño de felicidad"

Depósito del Museo Antoine Vivenel, Compiègne : Sueño de felicidad de Antoine Papety, sala 7


Musée d'Orsay, salle 7© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Alumno de Augustin Aubert en Marsella, y posteriormente de Léon Cogniet en París, Dominique Papety obtuvo en 1836 el Gran Premio de pintura, y acabó su formación en la Academia de Francia en Roma, durante cinco años, bajo la dirección de Jean Auguste Dominique Ingres.

Sueño de felicidad es la obra maestra del artista marsellés Papety. Inspirada por la filosofía progresista y utopista de Charles Fourier, la composición muestra una sociedad ideal, pacificada y feliz.
En la izquierda, figuras medio desnudas simbolizan el amor (la palabra está grabada en el tronco del árbol) y los placeres de los sentidos, gente bebiendo brinda por la Armonía, una joven trenza guirnaldas de flores para adornar su cabello, y un poeta medita sobre versos de Horacio (“Felices tres veces y aún más los seres unidos por lazos indisolubles, y cuyo amor, triunfante de quejas y recelos, sólo acaba con el último suspiro", Odas, I, 13).

derecha, Papety representa el mundo de la espiritualidad. En él observamos a jóvenes inmersos en el estudio de un texto titulado “Unidad universal”. En el centro, están presentes figuras del amor materno, de la infancia y del trabajo (la hilandera, las pacas de heno en el trasfondo).
Todos están unidos por la música divida de la arpa. Preparado con numerosos estudios y bocetos (estudios al óleo, conservados en el museo Antoine Vivenel, acuarelas preparatorias en el museo Fabre de Montpellier), este ambicioso cuadro se inspira paradójicamente – para proporcionar una imagen de felicidad venidera – en las fuentes del arte del pasado (el clasicismo griego, Tiziano, Poussin, Ingres).

Presentado en el Salón de 1843, el cuadro provoca el debate. Désiré Laverdant, crítico de arte y sensible a las ideas de Fourier, respecto al protagonismo social del arte, le alaba. Papety es conforme a la misión que asigna a los artistas: “indicar el remedio a las miserias humanas”, abrir “horizontes más felices” y exponer “imágenes radiantes de la edad de oro hacia la que avanzamos”.
Otros autores, desconcertados por la complejidad del lenguaje alegórico y las pretensiones filosóficas del pintor, ironizan respecto a su trabajo, “gran caricatura fourierista, espantósamente fea” (P. de Saint-Victor).

Sueño de felicidad no fue comprado por el Estado, sino por Antoine Vivenel, rico emprendedor de la construcción y fourierista convencido. En 1843, lega su colección a la ciudad de Compiègne, para fundar en ella un museo enciclopédico, destinado a la educación de la sociedad.
El cuadro de Papety, presentado en primer lugar en el ayuntamiento, ya no se podía ver desde 1939. Restaurada por el Centre de Recherche et de Restauration des Musées de France (Centro de Investigación y de Restauración de los Museos de Francia), la obra ha sido depositada en el museo de Orsay para una duración de cinco años, por el museo Antoine Vivenel y la Ciudad de Compiègne.

Muestra "Paisajes simbolistas"

Actualmente : Planta baja, sala 8

Muestra "Paisajes simbolistas"© Musée d'Orsay / Sophie Boegly

Salas Luxemburgo

Musée d'Orsay - Salle 1© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Las primeras salas del recorrido de la visita, qué acaban de estar renovadas, se llaman de aquí en adelante “Luxemburgo”, en recuerdo a un museo que desempeñó un papel central en la vida artística francesa del siglo XIX: el “Museo de los artistas vivos”, instalado en el palacio y en el invernadero de los naranjos u Orangerie del Luxemburgo, en París.

A partir de 1818, y hasta la creación del museo de arte moderno en el palacio de Tokio en 1937, esta institución tenía por vocación alojar parte de las pinturas, esculturas y, posteriormente, dibujos, comprados o encargados por el Estado a artistas en vida o muertos desde hacía menos de diez años, así como a generosas donaciones de particulares.
Se trata del mayor museo de arte contemporáneo del mundo: la opinión pública le reconocía un papel de asesor, y el honor de tener en él sus obras expuestas era el sueño de numerosos artistas, primero exclusivamente franceses, antes de que el museo se abriese paulatinamente a los artistas extranjeros, a partir de la década de 1860. En efecto, el ingreso en el Luxemburgo les daba la esperanza de ver sus obras entrar un día, tras su muerte, en el prestigioso museo del Louvre, el panteón de los artistas.

Musée d'Orsay - Salle 4© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Aunque algunos reformadores de la pintura, como Delacroix, Rodin, Ingres o también Gustave Moreau tuvieron esta suerte bastante pronto en su carrera, la administración no se atrevió en seguir todas las vanguardias de su época: Courbet, Millet, Manet, Lautrec o Van Gogh nunca ingresaron en vida en el Luxemburgo.
A partir de la década 1870, las críticas fueron más intensas, acusando al museo de ignorar los talentos originales y de limitarse a un arte oficial académico. Gauguin, también descartado, despreciaba el Luxemburgo como una “amplia cárcel, un lupanar obligatorio”.

No obstante, no se debe olvidar la actuación de directores ilustrados como Philippe de Chennevières o Léonce Bénédite, así como la iniciativa de grandes donantes como Gustave Caillebotte, Isaac de Camondo, Étienne Moreau-Nélaton y Alfred Chauchard que supieron llenar los vacíos, haciendo entrar, en las colecciones del Estado, los pintores de Barbizon, Manet y los impresionistas. La colección actual del museo de Orsay es la herencia de dicha historia.

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Thamar de Alexandre Cabanel presentado en el museo Orsay t


Pintor académico colmado de honores desde el Segundo Imperio, Alexandre Cabanel renueva su pintura en la década de 1870, adoptando el tono del romanticismo orientalista, a imagen y semejanza de Henri Regnault.
La escena procede de un episodio del Antiguo Testamento en el que los hijos del rey David se pelean: violada por su propio hermano Amnón, Tamar se refugia acerca de su otro hermano Absalón que jura vengarse. El teatral gesto de Absalón de salvaje mirada, que contrasta con la postura lasciva de Tamar, evoca el universo de Byron; el brillo irisado de los tejidos y las abundantes joyas están inspirados por los cuadros de Delacroix, incluido las Mujeres de Argel (1834, Louvre) a las que se hace referencia mediante la sirvienta negra, en la penumbra de la derecha.

Comprado por el Estado en el Salón de 1875, para el Museo de los artistas vivos del palacio del Luxemburgo, el cuadro se encontraba en depósito en el Museo de Bellas Artes Jules-Chéret de Niza, desde 1927. Restaurado en el 2012, está presentado en el museo Orsay desde este verano.

Alexandre CabanelThamar© Musée d'Orsay / Sophie Boegly

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Vidrios pintados por Gauguin


Paul GauguinTahitiana en un paisaje© RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Daniel Arnaudet
Desde su inauguración en 1986, el museo de Orsay jamás había podido mostrar dos obras de Gauguin que formaban parte de sus colecciones. Se trata de vidrios pintados que no se podían mostrar, debido a su estado de conservación, así como a la falta de espacios adecuados para presentarlos. Hoy, tras una larga restauración y la creación de vitrinas específicas, los visitantes pueden por fin admirarlas en las salas.

Motivos florales y vegetales y Tahitiana en un paisaje, están fechados de 1893, cuando Gauguin se instala en París tras su primera estancia polinesia. Prosigue entonces sus investigaciones decorativas, iniciadas a finales de los años 1880 cuando decoró las ventanas del albergue de Marie Henry en el Pouldu, y que continuó en Tahití en 1892, al pintar el vidrio de una casa.
Paul GauguinMotivos florales y vegetales © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Daniel Arnaudet

En París, queriendo sin duda rodearse de una decoración exótica, elige esta vez como soporte las puertas acristaladas de su taller de la rue Vercingétorix y compone estos dos paisajes. Se quedarán allí, cuando el artista se marche para su último viaje en 1895, y solo se desmontarán en 1905. Al final será la viuda del pintor americano Harold English, su último propietario, quien las donará a los museos franceses, en 1958.

Esta presentación constituye pues un verdadero acontecimiento, ya que estas obras, salidas de las reservas, son el testimonio de una de las preocupaciones centrales de Gauguin; el que declara en una carta a su amigo Daniel de Monfreid: "La vidriera simple atrae la mirada por sus divisiones de colores y de formas, por ello también es lo mejor que hay".

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Una vitrina dedicada al “estilo Liberty”


Carlo BugattiPsiqué o espejo de vestidor© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
La gran vitrina que abre la sala 65, en el nivel intermedio del museo de Orsay, está de ahora en adelante dedicada al Art Nouveau italiano, conocido bajo el nombre de “estilo Liberty”. Reúne un conjunto único, recientemente ampliado por adquisiciones de primer orden.

A comienzos del siglo XX, las artes decorativas son, en Italia, las herederas de una larga tradición artesanal y artística, y se convierten en las protagonistas del afán de progreso de una nación que acaba de encontrar su unidad. El Art Nouveau, conocido en su versión italiana como “estilo Liberty” o “arte floreal”, se afirma en la Exposición Internacional de las Artes Decorativas de Turín, en 1902: los grandes creadores de muebles, en particular Eugenio Quarti, Ernesto Basile, Carlo Zen y Carlo Bugatti, exponen aquí sus obras.
Su gusto por las líneas sinuosas, inspiradas por las formas de la naturaleza, con acentos a veces exóticos, se aproxima de las tendencias que se extienden por toda Europa, a la vez que mantiene una particular originalidad. Lo demuestra con elocuencia la silla diseñada por Carlo Bugatti para una de las estancias completamente decoradas que presenta en Turín. Esta “sala de juegos y de conversaciones” reproducía, a escala humana, una concha de caracol, cuyo nombre era “camera a chiocciola” (habitación “caracol”). Otros creadores italianos buscaron nuevas y originales formas de expresión. El escritorio de Federico Tesio, que diseña para su villa a orillas del Lago Mayor en Dormelletto (Novara), donde instala su cría de caballos pura sangre, sigue siendo un episodio único y, a la vez, una obra estrella del “Liberty” italiano.

Vittorio ZecchinLas Mil y una noches, detalle© ADAGP - Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Asimismo, el gran panel del artista veneciano Vittorio Zecchin Las mil y una noches, es uno de los ejemplos más importantes de la pintura decorativa italiana, de comienzos del siglo XX. Formaba parte de un ciclo de once paneles, realizado en 1914, para el comedor del Hotel Terminus de Venecia.
El fastuoso séquito de princesas y de guerreros que rinden homenaje a la esposa de Aladino, brinda la oportunidad de desplegar un suntuoso cromatismo, cuyo valor decorativo queda subrayado por el uso de dorados en forma de lunares. La influencia de Klimt es aquí particularmente evidente, pero se presenta, no obstante, mediante un lenguaje cuyos orígenes proceden de la tradición veneciana, las obras de Vivarini, los mosaicos y vidrieras de la ciudad lagunar.

Vitrina “estilo Liberty”© Musée d'Orsay / Sophie Boegly

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Nuevas adquisiciones: Von Stuck, Ranson

En la planta baja, se acaba de renovar la muestra de la nueva galería simbolista, con en particular la presencia de dos importantes adquisiciones recientes: La Expulsión del Paraíso del pintor alemán Franz von Stuck (1863-1923) y [La Bruja con el gato negro de Paul Ranson (1861-1909).
En el primer cuadro, Stuck se ampara de un famoso episodio bíblico, Adán y Eva expulsados del jardín del Edén, que representa en una composición despejada, poniendo de relieve las emociones humanas. Característica del simbolismo fin de siglo por su sofisticación y su dimensión moral, La Expulsión del Paraíso también constituye un relevante jalón histórico hacia el arte contemporáneo, ya que Vassily Kandinsky, alumno de Stuck a comienzos del siglo XX, se inspirará de esta obra en su Estudio para improvisación 8 (1909), una de las etapas que le conducirán a la abstracción.

De 1891 hasta el final de su vida, Paul Ranson realiza una serie de obras esotéricas, en las que la figura de la bruja regresa regularmente. Rodeada por símbolos cabalísticos y sombras chinas, esta Bruja con gato negro, sigue siendo un misterio. No sabemos si las formas que la rodean representan sus poderes maléficos, o si la invaden las pesadillas. La composición corresponde perfectamente a los principios estéticos Nabis - arabescos, contornos, zonas lisas del mismo color, sintetismo - y recuerda el gusto del grupo por las formas decorativas.

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Nueva adquisición: Los Leñadores de Daumier

Desde su creación en 1980, la Sociedad de los Amigos del Museo de Orsay ha participado constante y activamente en la ampliación de las colecciones. Esta asociación ha demostrado, una vez más, su inmensa generosidad, con motivo de los 25 años del museo, donando Los Leñadores, un óleo sobre tabla de madera de Honoré Daumier, pintado en torno a 1855.
Este boceto está estrechamente relacionado con un óleo sobre lienzo de Jean-François Millet, Los Serradores (Londres, Victoria and Albert Museum), del que reutiliza, excepto algunos detalles, la composición. Constituye pues un valioso testimonio de la proximidad entre ambos artistas, hacia 1850, cuando se relacionaban en París y en Barbizon.
Los Leñadores se muestran ahora en la sala 4, dedicada a Daumier, y pueden ser asociados a Lavandera que también, por su parte, escenifica representantes de la clase obrera, estudiados por el pintor en las décadas de 1850-1860.

Honoré DaumierLes Bûcherons© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

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La Bebedora de absenta en depósito en el museo de Orsay

Aunque mostrado en el museo de la Orangerie, Pablo Picasso no forma parte de los artistas habitualmente presentados en las salas de las colecciones permanentes del museo de Orsay. Este depósito de un cuadro procedente de una colección privada es un acontecimiento de mayor relevancia, tanto por la calidad de la obra, como por su resonancia con los lienzos que le rodean.
Instalada en la sala dedicada a la vida parisina (planta baja, sala 10) La Bebedora de absenta (1901) (1901) se encuentra junto a escenas de diversión, bailes, prostíbulos, los retratos de Toulouse-Lautrec, Boldoni o Anquetin, y proporciona un nuevo testimonio de la fascinación que ejerce el entorno bohemio de la capital francesa en numerosos pintores de finales del siglo XIX. También brinda la oportunidad única a los visitantes de mirar, de forma cruzada, esta bebedora de absenta de Picasso y la de Degas, presente en la galería impresionista.

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Una pintura de Historia: El preboste de los mercaderes Etienne Marcel y el delfín Carlos

En la planta baja del museo de Orsay, el fondo de la galería Sena está dedicado a las pinturas de Salón, obras que tuvieron éxito con motivo de una de estas grandes exposiciones anuales, organizadas por la Academia de Bellas Artes. Para su envío al Salón de 1879, Lucien Mélingue eligió un episodio de los conflictos políticos que trastornaron Francia, durante la Guerra de Cien años (1337-1453).
El 22 de febrero de 1358, Etienne Marcel, el preboste de los mercaderes de París, invade el palacio de la Cité, encabezando una muchedumbre de 3.000 personas, con el fin de defender los intereses de la burguesía comerciante contra la política del delfín Carlos (1338-1380) - futuro Carlos V -, en cargo de la regencia del reino desde que su padre, Juan II El Bueno, fuera prisionero de los ingleses en 1356. Bajo la mirada aterrorizada del joven, el mariscal de Champagne y el mariscal de Normandía son asesinados por los amotinados. Mélingue representa el instante en que Etienne Marcel salva la vida del heredero al trono, intercambiando simbólicamente sus dos sombreros. De esta forma el delfín lleva los colores de la ciudad de París - rojo y azul -, mientras que el preboste, al ostentar la flor de lis, se afirma como el garante del poder real.

Adquirido por el Estado, el cuadro fue primero mostrado en el museo del Luxemburgo, y posteriormente en el Louvre, antes de ser depositado durante largos años en el museo de Beaune.
En el seno de las colecciones del museo de Orsay, constituye en la actualidad un muy bello ejemplo de esta pintura de Historia tan preciada por el público del siglo XIX.

Lucien MélingueEl preboste de los mercaderes Etienne Marcel y el delfín Carlos© RMN-GP (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

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