Musée d'Orsay: El museo en movimiento

El museo en movimiento

Las salas de un gran museo viven al compás de los movimientos de las obras. Nuevas muestras, adquisiciones recientes, devoluciones de préstamos, restauraciones, asociaciones inéditas, depósitos... por pequeños toques, o con motivo de transformaciones más importantes, la presentación de las colecciones evoluciona constantemente. En esta página, consulte regularmente las principales informaciones relativas a los cambios en las galerías del museo de Orsay, las novedades por descubrir...

Nueva adquisición: "El Paraíso perdido" de Alexandre Cabanel

Alexandre CabanelEl Paraíso perdido© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
En 1863, el Rey Maximiliano II de Baviera solicita a Alexandre Cabanel decorar el Maximilianeum de Múnich. Este edificio estaba destinado a la formación de la élite bávara e incluía una galería que ilustraba los momentos clave de la historia universal.
Encargado de representar el episodio bíblico del pecado original, la pintura renueva esta iconografía tradicional organizándola en torno a la figura de Eva, cuya sensualidad recordaba a la de la famosa Venus del salón de 1863.

Este decorado excepcional fue destruido durante el bombardeo de 1945, pero se conserva una réplica en tamaño reducido realizada por el artista, único testimonio de la obra original.
Recientemente adquirida por el museo de Orsay, esta obra se presenta actualmente en la sala 2, nivel 0.

Presentación excepcional: Auguste Rodin, "La Defensa"

Auguste RodinLa Defensa© Musée d'Orsay / Eric Jouvenaux
Con motivo del centenario de la muerte de Auguste Rodin, la escultura La Défense, prestada por el museo Rodin, se presenta excepcionalmente en las colecciones permanentes del museo de Orsay.

Esta obra es una magnificación de doble tamaño del proyecto realizado por Rodin en 1879 para participar, junto a un centenar de escultores, en un concurso lanzado por la Prefectura del Sena para un Monumento a la defensa de París, destinado a ser erigido en la rotonda de Courbevoie, lugar donde se había organizado la defensa de la capital en 1870.

La Defensa da prueba de la audacia del escultor, desde el comienzo de su carrera, en el diseño de monumentos públicos. La figura alegórica del Genio de la Guerra surge de la composición con los brazos abiertos, los puños cerrados y la boca abierta en un grito salvaje, como un eco desesperado de la alegoría de la Libertad del grupo de La Marsellesa, concebido por François Rude en 1836 para el arco del triunfo de Etoile.
Como contrapunto de esta figura abierta y desplegada en el espacio, el cuerpo imponente de un guerrero herido yace sobre sí mismo, doblado y quebrando el ritmo de la composición. El proyecto de Rodin, considerado brutal en su expresión plástica e indigno de la glorificación de los héroes de la defensa de París, es rechazado por el jurado del concurso. Sin embargo, el artista conserva su modelo, lo expone varias veces, lo hace agrandar y editar en bronce, creando varios ejemplares del mismo.

La Primera Guerra Mundial vuelve a poner esta obra en el centro de la escena, y La Defensa es finalmente agrandada por cuatro para ser fundida en 1919 e inaugurada en Verdún en 1920.

Véase también, el sitio web dedicado al centenario: http://rodin100.org/

Auguste RodinLa Defensa© Musée d'Orsay / Eric Jouvenaux

Un cuadro de Cabanel restaurado

Una restauración fundamental ha sido realizada en 2015 en el cuadro de Cabanel La muerte de Francesca da Rimini y de Paolo Malatesta.

El barniz irregular y opacado que cubría el lienzo había sido antiguamente aligerado de manera selectiva privilegiando la escena central. La restauración consistió en reducir las capas de barniz, equilibrar las zonas de tonalidades diferentes, y subsanar las eventuales deficiencias del cuadro.
Estas intervenciones permitieron una nueva y mejor lectura de esta historia real que inspiró a Dante la idea de un círculo del infierno de la Divina Comedia. La regularización del barniz restituye no sólo el espacio pictórico mediante la justa sucesión de planos, sino que también da nueva vida a los suntuosos colores de la composición.

El cuadro restaurado puede verse actualmente en la planta baja del museo de Orsay.

Leer el comentario de la obra.

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La pintura en el Salón

Henri GervexSesión del jurado© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / DR
Galerie Seine
Creado en 1699, en la segunda mitad del siglo XIX, el Salón es la exposición, a la vez institucional y popular, que permite darse a conocer a los artistas. Una sesión del jurado de pintura de Gervex muestra la importancia del acontecimiento y de la reacción de los miembros del jurado al otorgar premios o de los críticos, al escribir en los periódicos. Las colecciones del museo de Orsay reflejan el gusto oficial, gracias a los numerosos cuadros adquiridos por el Estado, tras el Salón, para el museo del Luxemburgo, dedicado al arte contemporáneo de la época.

Considerado, durante mucho tiempo, como un lugar de promoción del academicismo, el Salón permite en realidad la confrontación de experimentaciones artísticas diversas. Algunos artistas reintroducen temas procedentes de la Antigüedad o de la Biblia, renovando las fórmulas tradicionales mediante el estilo y la composición, como Elie Delaunay, mientras que otros privilegian la literatura o hechos destacados de la historia nacional, igual que Jean-Paul Laurens. Estos cuadros retransmiten de este modo las innovaciones de las vanguardias y anuncian, por su puesta en escena, el cine del próximo siglo.

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Salas Luxemburgo

Musée d'Orsay - Salle 1© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Las primeras salas del recorrido de la visita, qué acaban de estar renovadas, se llaman de aquí en adelante “Luxemburgo”, en recuerdo a un museo que desempeñó un papel central en la vida artística francesa del siglo XIX: el “Museo de los artistas vivos”, instalado en el palacio y en el invernadero de los naranjos u Orangerie del Luxemburgo, en París.

A partir de 1818, y hasta la creación del museo de arte moderno en el palacio de Tokio en 1937, esta institución tenía por vocación alojar parte de las pinturas, esculturas y, posteriormente, dibujos, comprados o encargados por el Estado a artistas en vida o muertos desde hacía menos de diez años, así como a generosas donaciones de particulares.
Se trata del mayor museo de arte contemporáneo del mundo: la opinión pública le reconocía un papel de asesor, y el honor de tener en él sus obras expuestas era el sueño de numerosos artistas, primero exclusivamente franceses, antes de que el museo se abriese paulatinamente a los artistas extranjeros, a partir de la década de 1860. En efecto, el ingreso en el Luxemburgo les daba la esperanza de ver sus obras entrar un día, tras su muerte, en el prestigioso museo del Louvre, el panteón de los artistas.

Musée d'Orsay - Salle 4© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Aunque algunos reformadores de la pintura, como Delacroix, Rodin, Ingres o también Gustave Moreau tuvieron esta suerte bastante pronto en su carrera, la administración no se atrevió en seguir todas las vanguardias de su época: Courbet, Millet, Manet, Lautrec o Van Gogh nunca ingresaron en vida en el Luxemburgo.
A partir de la década 1870, las críticas fueron más intensas, acusando al museo de ignorar los talentos originales y de limitarse a un arte oficial académico. Gauguin, también descartado, despreciaba el Luxemburgo como una “amplia cárcel, un lupanar obligatorio”.

No obstante, no se debe olvidar la actuación de directores ilustrados como Philippe de Chennevières o Léonce Bénédite, así como la iniciativa de grandes donantes como Gustave Caillebotte, Isaac de Camondo, Étienne Moreau-Nélaton y Alfred Chauchard que supieron llenar los vacíos, haciendo entrar, en las colecciones del Estado, los pintores de Barbizon, Manet y los impresionistas. La colección actual del museo de Orsay es la herencia de dicha historia.

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Vidrios pintados por Gauguin


Paul GauguinTahitiana en un paisaje© RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Daniel Arnaudet
Desde su inauguración en 1986, el museo de Orsay jamás había podido mostrar dos obras de Gauguin que formaban parte de sus colecciones. Se trata de vidrios pintados que no se podían mostrar, debido a su estado de conservación, así como a la falta de espacios adecuados para presentarlos. Hoy, tras una larga restauración y la creación de vitrinas específicas, los visitantes pueden por fin admirarlas en las salas.

Motivos florales y vegetales y Tahitiana en un paisaje, están fechados de 1893, cuando Gauguin se instala en París tras su primera estancia polinesia. Prosigue entonces sus investigaciones decorativas, iniciadas a finales de los años 1880 cuando decoró las ventanas del albergue de Marie Henry en el Pouldu, y que continuó en Tahití en 1892, al pintar el vidrio de una casa.
Paul GauguinMotivos florales y vegetales © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Daniel Arnaudet

En París, queriendo sin duda rodearse de una decoración exótica, elige esta vez como soporte las puertas acristaladas de su taller de la rue Vercingétorix y compone estos dos paisajes. Se quedarán allí, cuando el artista se marche para su último viaje en 1895, y solo se desmontarán en 1905. Al final será la viuda del pintor americano Harold English, su último propietario, quien las donará a los museos franceses, en 1958.

Esta presentación constituye pues un verdadero acontecimiento, ya que estas obras, salidas de las reservas, son el testimonio de una de las preocupaciones centrales de Gauguin; el que declara en una carta a su amigo Daniel de Monfreid: "La vidriera simple atrae la mirada por sus divisiones de colores y de formas, por ello también es lo mejor que hay".

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