


Las salas de un gran museo viven al compás de los movimientos de las obras. Nuevas muestras, adquisiciones recientes, devoluciones de préstamos, restauraciones, asociaciones inéditas, depósitos... por pequeños toques, o con motivo de transformaciones más importantes, la presentación de las colecciones evoluciona constantemente. En esta página, consulte regularmente las principales informaciones relativas a los cambios en las galerías del museo de Orsay, las novedades por descubrir...
Entre estas dos zonas, las obras de Chassériau muestran su ambición para resolver esta oposición.
Sala 2
La segunda sala está dedicada a los pintores académicos que han contribuido a reformar en profundidad la pintura de historia, bajo el Segundo Imperio, a la vez por una precisión arqueológica inédita y por el uso de algunos elementos de la estética realista: Léon Bénouville, Emile Lévy y principalmente Jean-Léon Gérôme.
Las esculturas de Antoine-Louis Barye, para el palacio de las Tullerías y otros encargos oficiales, permiten medir la diversidad y la inventividad del arte llamado "académico".
Sala 3
La tercera sección está dedicada al triunfo del desnudo femenino mitológico. Este género, heredado del Renacimiento veneciano ve surgir sus últimas obras maestras en los años 1860 y 1870, gracias a Paul Baudry, Alexandre Cabanel y William Bouguereau.
El nacimiento de Venus, se ha convertido, en este particular, en el tema emblemático de la pintura académica, hasta el punto de cristalizar el odio de las vanguardias. La sala dedica una plaza de honor al pintor William Bouguereau, de quien el museo de Orsay se ha beneficiado de una importante dación en el 2009.
Las recientes obras de renovación, y en particular las del pabellón Amont, permiten en la actualidad al museo de Orsay exponer los paneles realizados por Odilon Redon entre 1900 y 1901 para el comedor del castillo del barón Robert de Domecy (en Domecy-sur-le-Vault, Borgoña), uno de los más fervientes coleccionistas del artista. Adquiridas en 1988, estas obras se habían mostrado poco hasta la fecha, debido a la falta de espacios adecuados para su presentación y su conservación. El gran público había podido redescubrirlos, sin embargo, con motivo de la exposición "Odilon Redon. Príncipe del sueño" que se celebró en las galerías nacionales del Grand Palais, de marzo a junio de 2011, antes de viajar a Montpellier y posteriormente a Madrid.
Desde el inicio de la década de 1890, Redon había abandonado la litografía y el carboncillo de sus famosos Negros por pasteles y cuadros de colores deslumbrantes. No es de sorprender que esta evolución le conduzca al arte decorativo, tanto esta cuestión ha atravesado el final del siglo XIX. Los paneles de Domecy son además representativos del arte de Redon: en ellos combina todas las técnicas que acostumbra emplear (temple, óleo, pastel...) para sumergirnos en un mundo vegetal luminoso, lleno de fantasía y marcado por el japonismo, donde los cuantos personajes representados hacen eco a obras anteriores. Se trata pues de una etapa esencial en la carrera de un artista de mayor relevancia de finales del siglo XIX y de comienzos del XX, que era importante presentar en las mejores condiciones. En el nivel 2 del pabellón Amont, las decoraciones de Domecy cohabitan ahora con otras grandes obras decorativas, las de los Nabis que consideraban a Redon como uno de sus maestros, y con su mobiliario de la época... su entorno natural.
En la planta baja, se acaba de renovar la muestra de la nueva galería simbolista, con en particular la presencia de dos importantes adquisiciones recientes: La Expulsión del Paraíso del pintor alemán Franz von Stuck (1863-1923) y [La Bruja con el gato negro de Paul Ranson (1861-1909).
En el primer cuadro, Stuck se ampara de un famoso episodio bíblico, Adán y Eva expulsados del jardín del Edén, que representa en una composición despejada, poniendo de relieve las emociones humanas. Característica del simbolismo fin de siglo por su sofisticación y su dimensión moral, La Expulsión del Paraíso también constituye un relevante jalón histórico hacia el arte contemporáneo, ya que Vassily Kandinsky, alumno de Stuck a comienzos del siglo XX, se inspirará de esta obra en su Estudio para improvisación 8 (1909), una de las etapas que le conducirán a la abstracción.
De 1891 hasta el final de su vida, Paul Ranson realiza una serie de obras esotéricas, en las que la figura de la bruja regresa regularmente. Rodeada por símbolos cabalísticos y sombras chinas, esta Bruja con gato negro, sigue siendo un misterio. No sabemos si las formas que la rodean representan sus poderes maléficos, o si la invaden las pesadillas. La composición corresponde perfectamente a los principios estéticos Nabis - arabescos, contornos, zonas lisas del mismo color, sintetismo - y recuerda el gusto del grupo por las formas decorativas.
Desde su creación en 1980, la Sociedad de los Amigos del Museo de Orsay ha participado constante y activamente en la ampliación de las colecciones. Esta asociación ha demostrado, una vez más, su inmensa generosidad, con motivo de los 25 años del museo, donando Los Leñadores, un óleo sobre tabla de madera de Honoré Daumier, pintado en torno a 1855.
Este boceto está estrechamente relacionado con un óleo sobre lienzo de Jean-François Millet, Los Serradores (Londres, Victoria and Albert Museum), del que reutiliza, excepto algunos detalles, la composición. Constituye pues un valioso testimonio de la proximidad entre ambos artistas, hacia 1850, cuando se relacionaban en París y en Barbizon.
Los Leñadores se muestran ahora en la sala 4, dedicada a Daumier, y pueden ser asociados a Lavandera que también, por su parte, escenifica representantes de la clase obrera, estudiados por el pintor en las décadas de 1850-1860.
Aunque mostrado en el museo de la Orangerie, Pablo Picasso no forma parte de los artistas habitualmente presentados en las salas de las colecciones permanentes del museo de Orsay. Este depósito de un cuadro procedente de una colección privada es un acontecimiento de mayor relevancia, tanto por la calidad de la obra, como por su resonancia con los lienzos que le rodean.
Instalada en la sala dedicada a la vida parisina (planta baja, sala 10) La Bebedora de absenta (1901) (1901) se encuentra junto a escenas de diversión, bailes, prostíbulos, los retratos de Toulouse-Lautrec, Boldoni o Anquetin, y proporciona un nuevo testimonio de la fascinación que ejerce el entorno bohemio de la capital francesa en numerosos pintores de finales del siglo XIX. También brinda la oportunidad única a los visitantes de mirar, de forma cruzada, esta bebedora de absenta de Picasso y la de Degas, presente en la galería impresionista.
En la planta baja del museo de Orsay, el fondo de la galería Sena está dedicado a las pinturas de Salón, obras que tuvieron éxito con motivo de una de estas grandes exposiciones anuales, organizadas por la Academia de Bellas Artes. Para su envío al Salón de 1879, Lucien Mélingue eligió un episodio de los conflictos políticos que trastornaron Francia, durante la Guerra de Cien años (1337-1453).
El 22 de febrero de 1358, Etienne Marcel, el preboste de los mercaderes de París, invade el palacio de la Cité, encabezando una muchedumbre de 3.000 personas, con el fin de defender los intereses de la burguesía comerciante contra la política del delfín Carlos (1338-1380) - futuro Carlos V -, en cargo de la regencia del reino desde que su padre, Juan II El Bueno, fuera prisionero de los ingleses en 1356. Bajo la mirada aterrorizada del joven, el mariscal de Champagne y el mariscal de Normandía son asesinados por los amotinados. Mélingue representa el instante en que Etienne Marcel salva la vida del heredero al trono, intercambiando simbólicamente sus dos sombreros. De esta forma el delfín lleva los colores de la ciudad de París - rojo y azul -, mientras que el preboste, al ostentar la flor de lis, se afirma como el garante del poder real.
Adquirido por el Estado, el cuadro fue primero mostrado en el museo del Luxemburgo, y posteriormente en el Louvre, antes de ser depositado durante largos años en el museo de Beaune.
En el seno de las colecciones del museo de Orsay, constituye en la actualidad un muy bello ejemplo de esta pintura de Historia tan preciada por el público del siglo XIX.