La Libertad en Orsay

© Musée d'Orsay
Aunque el museo haya renovado recientemente gran parte de sus salas y que se disponga a continuar, en los próximos meses, esta ambiciosa política de modernización, existe un espacio inmutable, que se no trata de transformar: el relevante pasillo central de la planta baja, espacio de exposición idóneo para las esculturas, debido a sus dimensiones y a la luz que difunde la cristalera de la antigua estación.

Pero desde finales de junio, la nave ofrece sin embargo una nueva visión a los visitantes que franquean las puertas del museo, ya que se ha instalado en el inicio del recorrido un modelo reducido de la estatua de la Libertad del escultor francés Auguste Bartholdi (1834-1904).
Sin lugar a dudas, la presencia en la entrada del museo de este icono, famoso en el mundo entero, el más significativo de todos los símbolos americanos, se impone rápidamente como una de las potentes imágenes del museo de Orsay, a la vez porque se trata de una de las creaciones más importantes del arte del siglo XIX, pero también por su dimensión universal.

Historia de la estatua de la Libertad

La cabeza de la Libertad en la Exposición Universal de París© Musée Bartholdi, Colmar / Reprod. C. Kempf
A partir de 1865, el académico Edouard de Laboulaye (1811-1883) fue el primero en sugerir la idea que Francia ofrezca una obra prestigiosa a Estados Unidos, para celebrar el centenario de la independencia americana y sellar la amistad entre ambos pueblos. Para Laboulaye y sus amigos, cercanos del partido de los Republicanos moderados, este gesto también representa un mensaje de oposición al régimen imperial de Napoleón III y su política extranjera.

El proyecto fue confiado al joven Bartholdi y totalmente financiado con fondos privados. El artista viaja a Nueva York, donde presenta su idea de una inmensa estatua, en la tradición del coloso de Rodas de la Antigüedad. El primer elemento acabado de la obra - la mano sujetando la antorcha - fue desvelado durante la Exposición Universal de 1876, en Filadelfia. En cuanto a la cabeza de la estatua, será instalada en el marco de la Exposición Universal de París, en 1878; su visita convirtiéndose en una de las principales atracciones.

Trabajando en el drapeado de la Libertad© Musée Bartholdi, Colmar / Reprod. C. Kempf
Se inició su construcción en 1875, antes incluso de concluirse la financiación, en los talleres de cobrería de arte Gaget, Gauthier et Cie, situado en el distrito 17 de París. En su origen, el famoso arquitecto Viollet-le-Duc fue encargado de concebir la estructura. Pero tras su muerte, en 1879, fue al final Gustave Eiffel el que imaginará el “esqueleto” metálico que soportará las numerosas placas de cobre (preferido al bronce por su ligereza) que forman la estatua.

El montaje final comenzó en 1884, y se vio progresivamente alzarse este coloso de 46 metros de alto, por encima de la llanura de Monceau. ¡Cabe imaginar, que de este modo, durante varias semanas, fue en el corazón de París que se podía admirar la famosa estatua de la Libertad de Nueva York! Los elementos fueron desmontados a comienzos del año 1885 y repartidos en más de doscientas cajas que cruzaron el Atlántico, para llegar a su destino el 19 de junio de 1885. Todavía le faltaba un zócalo para recibirla... Su construcción se retrasó y se reunieron con dificultad los fondos americanos necesarios para acabarlo. Pero al final el pedestal estará listo en la primavera de 1886 y la inauguración se celebrará el 28 de octubre de este mismo año.

Bartholdi apoyado en la balaustrada de la antorcha. Filadelfia 1876© Musée Bartholdi, Colmar / Reprod. C. Kempf
Muy pronto, la dimensión simbólica de la Libertad se antepone al sentido inicial de la obra - la celebración de la Independencia de Estados Unidos-. Ubicada en la entrada del puerto de Nueva York, en la isla de Bedloe (desde entonces rebautizada Liberty Island), la obra de Bartholdi recibirá a generaciones de emigrantes llegados en barco, en busca de una vida mejor. Esta es la dimensión que se perpetúa en la actualidad, ya que América se ha apropiado desde hace tiempo este obsequio, para hacer que sea la representación de un ideal de democracia y de libertad. Además, ya en 1903, se hizo grabar en el zócalo un poema de Emma Lazarus. He aquí un extracto:

¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria! grita ella.
Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres
Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad
El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas
Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a mí
¡Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!
 

Montaje de la Libertad en París© Musée Bartholdi, Colmar / Reprod. C. Kempf

Hacia arriba

La Libertad del museo de Orsay

La Libertad durante su instalación© Musée d'Orsay / Alexis Brandt
Esta versión, de algo menos de tres metros de alto, fue encargada por el propio Bartholdi en 1889, y posteriormente mostrada en 1900 durante la Exposición Universal de París. El mismo año, el escultor manifiesta el deseo que la compre el Estado, junto a otros modelos, incluido el del León de Belfort, para el museo del Luxemburgo (el museo de arte moderno de la época). Afirma en particular que “estas obras son interesantes ya que han contribuido encarecidamente en la estima que me han demostrado los artistas, mis contemporáneos”.

Como ninguna de sus obras estaba presente en dicha época en el Luxemburgo, Bartholdi se compromete en cederlas simplemente a cambio de abonar el precio de la fundición. La propuesta fue aceptada, sin que el museo les encuentre un espacio en las salas ya muy recargadas. En 1905, tras la muerte de Bartholdi, se encontrará una solución. La viuda del escultor propone colocar la Libertad en el exterior del museo, en los jardines. Se quedará allí 115 años, de 1906 a 2011, hasta que el Senado, propietario de los jardines del Luxemburgo, acepte generosamente restituir la obra al museo de Orsay.

Auguste BartholdiLa Liberté© Musée d'Orsay / Alexis Brandt
Así mismo, se trata de una verdadera pieza de museo, tal y como lo quiso el artista, para ser mostrada en una galería que presente el arte de su época. Hoy se ha cumplido, y tan solo podemos agradecerlo. No solo por motivos de conservación, sino también porque La Libertad constituye un punto de inflexión en la historia de la estatuaria del siglo XIX, y enriquece por ello considerablemente el recorrido museográfico de la nave. Por fin, porque su carácter universal no hace más que reforzar la dimensión internacional del museo de Orsay.

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