Restoración de La escuela de Platón

Una restauración pública

Musée d'Orsay - Salle 59© Musée d'Orsay / Sophie Boegly
Por la primera vez, el museo de Orsay les ofrece ser los testigos de una operación que, en general, de desarrolla en la intimidad de las reservas o de los talleres: la restauración de un cuadro, La Escuela de Platón del simbolista belga Jean Delville.

Desde 1980, esta gran composición no había sido el objeto de ninguna intervención. Hoy, son necesarias, una limpieza de la capa pictórica, así como el retoque de algunas restauraciones anteriores, y el trabajo de los restauradores se realizará durante varios días, delante del público, en la propia sala en la que está normalmente colgado el cuadro.

Del 9 al 12 de abril de 2013, una oportunidad rara de ver cómo se conservan y mantienen las obras de las colecciones nacionales.

La Obra

Bélgica, a finales del siglo XIX, era uno de los grandes focos del simbolismo europeo y Jean Delville, oriundo de Louvain, expresó su vertiente más esotérica. Con L'Ecole de Platon [La Escuela de Platón], entrega una representación de la filosofía clásica de las más personales.

La obra era en su origen una decoración destinada a la Sorbona, pero nunca fue instalada. Esto explica la monumentalidad del lienzo, así como el uso de tonos pastel que evocan a Puvis de Chavannes, el mayor pintordecorador de la época.
Aquí Delville representa a un Platón crístico, rodeado por doce discípulos. La androginia y las poses lascivas de los jóvenes efebos, el paisaje - jardín idealizado, en el que los imaginamos fácilmente jugueteando y abalanzándose libremente - otorgan a la escena, una atmósfera de sensualidad homosexual.
Asimismo, a pesar de sus numerosas referencias clásicas en el manierismo de los desnudos, la frontalidad y la simetría de la composición, esta visión del filósofo sigue siendo ambigua, porque conlleva una dimensión a la vez religiosa y erótica.

Jean DelvilleLa escuela de Platón© ADAGP, Paris - RMN (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

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Historia material

Esta obra comenzada en Roma (Delville obtuvo el Premio de Roma en 1895) fue acabada en Bruselas, en 1898. Mostrada en 1898 en París y en Bruselas, fue comprada por el Museo del Luxemburgo en 1912.
En una carta dirigida a Léonce Bénédicte, conservador al origen de la adquisición de su obra, Jean Delville insiste en la fragilidad de los bordes de su lienzo “que fueron bastante dañados al montarse y desmontarse, a lo largo de las peregrinaciones de la obra”. Mostrada hasta 1922, y posteriormente almacenada enrollada, en distintas reservas, la obra sufrió diversos daños.

En 1979, cuando el museo del Louvre decide mostrarla, presenta cortes, agujeros, roturas y su superficie está cubierta por una capa amarilla y sucia. La Comisión de restauración de la época da su acuerdo para el reentelado, limpieza y la reintegración de los accidentes. Para preservar el aspecto mate, el cuadro no fue barnizado. Desde 1980, se ha realizado un seguimiento de la pintura, quitándole el polvo con frecuencia, sin ninguna intervención más de restauración.

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Técnica y intervención actual

El soporte (Alt: 2,50m x Anch: 6,10 m) es un lienzo tendido sobre un chasis. Este soporte está cubierto por una preparación blanca poco espesa que deja ver la trama del lienzo. Encima de esta preparación adivinamos un dibujo que implementa la composición. Los colores al óleo se aplican por “aplats”, es decir por zonas de colores lisos.
La presencia de la trama del lienzo (detalle 1), el uso de colores pobres en argamasa, encima de una preparación absorbente, proporcionan un aspecto mate al conjunto. Mediante esta técnica Delville pretende acercarse a las pinturas murales al fresco, italianas.
La atmósfera crepuscular se plasma con una dominante azul y verde, tanto en el paisaje como en algunas carnaciones.

El soporte está en buen estado de conservación, pero la capa pictórica presenta un leve enmugrecido y algunos pequeños levantamientos. Las reintegraciones, realizadas en 1979, se han desajustado cromáticamente. Matidades y brillos aparecen también en luz rasante.
Basta con una intervención de conservación y de puesta en orden de la capa pictórica, para consolidar la obra y mejorar su estado de presentación. Esta intervención incluye volver a fijar los levantamientos, la limpieza de la superficie del cuadro y el retoque puntual de las antiguas reintegraciones.

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