Musée d'Orsay: De Cézanne a Picasso, obras maestras de la galería Vollard

De Cézanne a Picasso, obras maestras de la galería Vollard

ARCHIVO
2007

Ambroise Vollard descubridor de la vanguardia

Pablo PicassoLa Espera (Margot)© Gasull Fotografia © Succession Picasso 2018
Cuando a Ambroise Vollard (1866-1939) se le contrata hacia 1890 como simple empleado en una pequeña galería parisina, "La Unión artística", especializada en la pintura académica, tan sólo es, por entonces, un joven estudiante de derecho, sin relación, ni experiencia ninguna con el mundo del arte. Sin embargo, muy pronto se convertirá en el mayor marchante de arte contemporáneo de su generación. Fue él quien lanzó las carreras de Cézanne, Picasso y la mayoría de los Fauves; mostrará los Nabis, Redon, Matisse... También se convertirá en escritor y demostrará ser innovador en materia de edición de estampas originales y libros de artistas.
pintura
Pierre BonnardAmbroise Vollard y su gato© Photothèque des musées de la ville de Paris, Pierrain
Estas múltiples actividades, han logrado que sea una de las figuras ineludibles de la historia del arte moderno. El hombre, no obstante, sigue siendo un enigma. A pesar de publicar su autobiografía en 1936, Recuerdos de un marchante de cuadros, su relato sigue siendo anecdótico y no desvela nada de su intimidad o de sus métodos comerciales. Los orígenes exóticos de Vollard fortalecen el misterio que le rodea. Su padre se había instalado muy joven en la isla de la Reunión donde Ambroise Vollard pasó una infancia feliz. Los diferentes testimonios, transmitidos por aquellos que se relacionaron con él, nos dejan la imagen de un hombre con un físico imponente. Suarès escribe: "Al verle llegar le hubieses tomado por un gigante; pero un gigante flexible". Cada uno de sus gestos expresaba la calma y la ponderación, aquella paciencia que fue una de sus grandes cualidades en su actividad de marchante. A finales de siglo, Vollard organiza todos los años unas diez exposiciones y vende sus cuadros a una clientela internacional.

 

Los comienzos

Pintura
Pierre BonnardChica joven con un conejo© The National Museum of Western Art, Tokyo
Instalado en Francia desde 1887, Vollard se establece por su cuenta en 1890. Al pie de la iglesia del Sagrado Corazón, en un modesto apartamento de dos estancias que también le sirve de domicilio, empieza a vender dibujos y estampas de Félicien Rops, Théophile-Alexandre Steinlen y Constantin Guys, comprados en los muelles del Sena. El joven empieza de cero y la mayoría de los cuadros impresionistas son demasiado caros para el. Cuando compró a la viuda de Manet un conjunto de dibujos y de bocetos al óleo del pintor, Vollard lanza verdaderamente su actividad. Expone estas adquisiciones en noviembre de 1894, el acontecimiento genera críticas elogiosas, pero, sobre todo, conoce, en dicha ocasión, a Auguste Renoir y a Edgar Degas. Comienza a vender sus obras.

Vollard también se orienta hacia la obra de jóvenes artistas vanguardistas. Maurice Denis, que también conoció durante la exposición Manet, le presenta a algunos de los Nabis: Bonnard, Roussel y Vuillard. Vollard obtuvo de ellos, primero cuadros, antes de solicitárselos para la ilustración de los libros que editó. En junio de 1894, la venta tras la muerte del Padre Tanguy permite a Vollard adquirir lienzos de Cézanne, de Gauguin y de Van Gogh a muy bajo coste, junto con obras de artistas más reconocidos, como Pissarro o Guillaumin.

Pintura
Paul CézanneCastillo negro© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / DR
A partir de septiembre de 1893, Vollard abre en el 37, calle Laffitte, su primera verdadera tienda. Es de tamaño modesto, pero se encuentra idóneamente situada en el corazón del mercado del arte parisino. "En aquella época, la calle Laffitte, era la calle de los cuadros", escribe Vollard. Marchantes y coleccionistas acuden además al barrio para ir a la sala de subastas de la calle Drouot, en los alrededores. Pissarro se alegra de la llegada de Vollard: "Creo que este pequeño marchante se las apañará bien. Sólo le gustan las cosas de nuestra escuela o que se le aproximan por su talento. Es muy entusiasta y acierta". Por otro lado, la época es propicia para abrir una galería. Los años 1890 están, en efecto, marcados por el declive del Salón, lugar oficial de exposición y de venta del arte contemporáneo, desde hacía un siglo. A partir de 1895, Vollard toma posición en el mercado de la vanguardia, mostrando a Cézanne, Van Gogh o Gauguin.

 

Vollard y Cézanne

Pintura
Paul CézanneTres bañistas© RMN-Grand Palais / Pierrain
La exposición Cézanne de noviembre de 1895 es, sin duda alguna, un momento clave en la carrera del artista, como en aquella de Vollard. Vollard sintió un verdadero choque al descubrir un cuadro de Cézanne en el escaparate del padre Tanguy: "Fue como si me hubiesen golpeado en el estómago". Además, Cézanne presentaba la ventaja de no tener marchante. Con esta exposición, Vollard afirma su capacidad para discernir los talentos desconocidos y su anticonformismo.

La retrospectiva de Cézanne genera reacciones moderadas, exceptuando un informe elogioso de Thadée Natanson en La Revue Blanche. Para los artistas y los coleccionistas, sin embargo, fue una revelación. Con la retrospectiva de 1895, Cézanne se convierte en un maestro venerado y Vollard plantea las bases de su futuro éxito. En efecto se ha reservado el monopolio de las obras de Cézanne y empieza a constituirse una red de coleccionistas internacionales.

La edición de estampas

Cartel para la exposición de 1896
Pierre BonnardLos Pintores Grabadores© Photothèque des musées de la ville de Paris, Claire Pignol
Los beneficios de la exposición Cézanne permiten a Vollard mudarse, en mayo de 1896, a un espacio más amplio en el 6, calle Laffitte. Esta nueva dirección se va a convertir, hasta la Primera Guerra Mundial, en el centro de gravedad del mundo artístico parisino. Vollard monta aquí una serie de notables exposiciones a la vez que diversifica su actividad. A lo largo de los años 1890 y durante la primera década del siglo XX, va a desempeñar un protagonismo preponderante en la renovación de la estampa. En junio de 1896, la primera exposición organizada en sus nuevos locales está relacionada con el Álbum de los pintores grabadores, primera edición de gran envergadura de Vollard. En 1897, una exposición de los "pintores grabadores", acompaña la publicación del Álbum de estampas originales de la galería Vollard. En aquella época, Pissarro escribe a su hijo: "Vollard va a tener una prensa litográfica en la calle Laffitte. Este buen criollo es estupendo; revolotea de una cosa a otra, con una facilidad sorprendente". Los artistas Nabis colaboran en ambos álbumes. Asimismo, Vollard va a editar libros de estampas de Bonnard (Algunos aspectos de la vida de París, 1895-1899), de Denis (Amor, 1892-1898) y de Vuillard (Paisajes e interiores, 1899). Además de estas publicaciones, los Nabis también se benefician en 1897 y 1898 de dos exposiciones colectivas, práctica excepcional en el caso de Vollard, que prefiere las exposiciones personales.

 

Vollard y Van Gogh

Pintura
Vincent van GoghArmand Roulin© Museum Folkwang
Vollard organizó una primera exposición Van Gogh en 1895. La experiencia concluyó por un fracaso comercial. Sin embargo, en 1896-1897, presenta otra retrospectiva, de mayor relevancia, del pintor holandés en sus nuevos locales. El público todavía no había tenido nunca la oportunidad de descubrir tantos cuadros de Van Gogh reunidos en un mismo lugar. Pero una vez más, el éxito no estuvo presente. Vollard dejará de ahora en adelante de querer promocionar la pintura de Van Gogh. Las difíciles relaciones con Jo Van Gogh-Bronger, la viuda de Théo, que se convirtió a su muerte en legataria de ambos hermanos, tienen, sin duda, mucho que ver con esta decisión. En sus Recuerdos, Vollard confiesa, no obstante, su error: "Me equivocaba totalmente respecto a Van Gogh. Pensaba que no tenía ningún futuro y dejé salir sus cuadros por casi nada".

Vollard y Gauguin

Las relaciones entre Gauguin y Vollard están marcadas por una incomprensión recíproca. Ambos hombres se ven por primera vez en París en 1893, poco después del regreso del pintor de su primera estancia en Tahití. Hacen algunos negocios juntos a lo largo de los años siguientes. De vuelta a Polinesia en 1895, Gauguin se niega, en primer lugar, a que Vollard obtenga las obras que envía a Francia. Pero los intermediarios del pintor en París no pueden prescindir razonablemente de Vollard. En 1898, expone varias obras recientes de Gauguin, incluido el monumental ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? (Boston, Museum of Fine-Arts).

A pesar de su recelo, Gauguin, confrontado a importantes dificultades financieras, decide firmar en 1900 un tratado con Vollard que le garantizará 300 francos al mes, a cuenta de las ventas y un precio de compra unitario de 200 francos por cuadro. La modestia de este acuerdo, que refleja muy bien las dificultades a las que se enfrentaba Vollard para encontrar compradores para los cuadros de Gauguin, deja un sabor amargo al artista, que buscará, por su lado, la manera de comercializar con otros intermediarios su producción. Gauguin trata Vollard de "caimán de la peor índole", mientras que éste sigue, de forma sorprendente, silencioso respecto a su relación con Gauguin.

 

Vollard marchante

Los conflictos de dinero eran inevitables entre artistas y marchante, y Gauguin no es el único en considerar a Vollard como un "aprovechado". Las compras masivas realizadas por Vollard a precios muy ventajosos contribuyeron a crear esta imagen. Picasso, en particular, que Vollard recibe en 1901 en su galería, cuando tan sólo era un joven desconocido de 19 años de edad, le reprochará de haberse llevado el contenido de su taller por un importe irrisorio. Matisse, pese a estar feliz de tener una primera exposición particular, tiene la impresión desagradable de que, en la galería de la calle Laffitte, los lienzos de los jóvenes artistas sirven tan sólo de coartada: "El día de una inauguración, sin respeto por la obra del expositor, se empezaban a sacar enseguida aguafuertes de Renoir, de Cézanne y de otros". Existen, sin embargo otros puntos de vista, que resaltan un Vollard fiel y generoso. Su correspondencia con Cézanne y con Renoir demuestra su amistad.

Pintura
Emile BernardLa Cosecha© Paris 2007 - RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Jean-Gilles Berizzi
Los contratos de exclusividad, como el que firmó con Georges Rouault, o también la adquisición de los fondos de talleres, los de Cézanne en 1899, de Emile Bernard en 1901 o Picasso en 1906, permiten a Vollard reunir a lo largo de los años cantidad de obras. Aplica particularmente este último método a los pintores fauves, cuya composición adora especialmente. Vollard compra el fondo del taller de Derain en 1905 y el de Vlaminck, el año siguiente.

También realiza compras por lotes, a veces más selectivas. De Odilon Redon, adquiere en primer lugar los negros en 1893-1894, y luego en 1897 y 1899, antes de interesarse por sus dibujos, pasteles y cuadros, a lo largo de los años siguientes. A veces lo que le frena es la dificultad de venderlos, como con el aduanero Rousseau, o su propio rechazo de un estilo, en el caso de los neo-impresionistas. Aunque adquiere Los Modelos, y dos o tres obras de Seurat e incluso expone a Maximilien Luce en 1902, confiesa su incomprensión del puntillismo, que le evoca "algo parecido a una labor de dama".

Vollard y los impresionistas

dibujo
Edgar DegasSobre la cama© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / DR
Con el fin de compensar los riesgos asumidos con los jóvenes artistas, Vollard intentó adquirir obras de los impresionistas más célebres. A menudo, estas adquisiciones resultan ser trueques con los propios artistas. En noviembre de 1894, por ejemplo, Pissarro cambia con él un Efecto de nieve, y tal vez más obras, por El Entierro de Manet. Cuando Degas constituye una excepcional colección en los años 1890, cambia con frecuencia sus creaciones por obras propuestas por Vollard a la venta.

Con Renoir, Vollard forja una amistad que culmina con el fallecimiento del artista en 1919. Cuando Renoir padeció artritis al final de su vida, Vollard le aconsejó modelar esculturas en cera. Las monografías redactadas por Vollard - Paul Cézanne (1914),La vida y la obra de Pierre-Auguste Renoir (1919) y Degas 1834-1917 (1924) -, demuestran su admiración o su afecto por estos pintores.

 

Tras la Primera Guerra Mundial

El ritmo de las exposiciones organizadas por Vollard se reduce a partir de 1908. El estallido de la Primera Guerra Mundial le obliga a cerrar su galería. Tras el final del conflicto, Vollard prefiere recibir a sus clientes en su apartamento en el 28 de la calle de Grammont. A partir de entonces dedica mucho más tiempo a las ediciones de libros de artistas, menos rentables, pero que constituyen la verdadera pasión de su vida. Analiza todas las etapas en estrecha colaboración con el artista, el grabador y el impresor, y estudia escrupulosamente la elección del papel y de los caracteres de imprenta, el tipo de encuadernación y la relación entre texto y la imagen.

Escultura
Aristide MaillolMujer sentada sobre sus talones© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
Hacia 1924, Vollard desplaza sus actividades de marchante y de editor hacia una mansión de la calle de Martignac, en el Faubourg Saint-Germain. La mayor parte de su inmensa colección sigue escondida a puerta cerrada. El 22 de julio de 1939, Vollard sufre un accidente en carretera, cuando se dirigía hacia su finca de Tremblay-sur-Mauldre. Las circunstancias exactas de su muerte siguen siendo misteriosas. Tal vez una lámina de cobre o una escultura de Maillol, caída de la bandeja trasera del vehículo, le pudo haber roto la nuca. Una trágica ironía quisiera pues que fuese una obra que provocase la muerte de Vollard, a sus setenta y tres años de edad. Más tarde, la dispersión de su colección podría ser el argumento de una novela. A falta de inventario preciso, su amplitud exacta sigue incierta. Las evaluaciones varían entre cinco y diez mil obras. Algunas se encontraron a manos de un joven aventurero yugoslavo, otras se vendieron durante la guerra o desaparecieron.