La naturaleza sorprendida in fraganti.
Fotografías de Charles Aubry (1811-1877)

ARCHIVO
2011

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Charles AubryRama de melocotonero, cargada de frutos© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
A pesar de la tenacidad de Aubry, la falta de apoyo del Estado, el empecinamiento de los profesores y de los profesionales por los métodos tradicionales y, más generalmente, el recelo del mundo artístico con respecto al medio, no harán más que confirmar este fracaso. Tanto una reticencia en integrarse al mundo de la fotografía – obvia, en aquel que durante toda su vida se presentó como un dibujante –, como la complejidad de sus modelos que se adaptaban mal a la decoración estilizada de productos baratos, no son ajenos a lo que sigue siendo un fracaso en cierto modo relativo: Aubry logrará explotar su fondo hasta en los años 1870, contando entre sus clientes con escuelas de dibujo francesas y extranjeras, fábricas textiles de Mulhouse, la firma americana Tiffany y la prestigiosa manufactura de Gobelins.
Se presentan aquí al visitante, los más bellos, de los 52 revelados adquiridos por dicha manufactura – depósito del Mobiliario Nacional – introducidos por el Diadème [Busto de mujer con una Diadema, llamado la Diadema] obra de su amigo Carrier-Belleuse.

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Charles AubryHojas, incluida una de geranio y una de hortensia© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / DR
Convocando el "lápiz de la naturaleza" que es la fotografía, para erigir la propia naturaleza en modelo de ella misma, Aubry constituye, así mismo, en torno a 1864, un conjunto que alcanzará rápidamente cerca de los 200 clichés. En ellos se mezclan composiciones que combinan vegetales y objetos tradicionales de la naturaleza muerta y, sobre todo, ordenaciones de hojas, flores o fruta, cuyo espontáneo frescor hace olvidar que están en realidad muy pensadas: tanto el tiempo de preparación de las grandes placas al colodión, como el de su exposición (cerca de 45 minutos), impedían que fuese de otra manera. Según un método personal para aumentar su fotogenia, los vegetales estaban a menudo además sumergidos en yeso, a la vez para reforzar su plasticidad y para eludir cualquier sensibilidad del negativo al color verde. Extrayendo armonía y ritmo de los sabios contrastes de las formas y texturas, los revelados restituyen la riqueza de detalles obtenidos por el dominio del negativo de vidrio asociado al de la luz, con toda la profundidad de tonos y la sensualidad táctil que permite el papel albuminado.

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