Crimen y Castigo

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Pierre-Paul Prud'honLa justicia y la venganza divina persiguiendo el crimen© RMN-Grand Palais / Daniel Arnaudet

No matarás


"Pero qué es la ejecución capital, sino el más premeditado de los asesinatos que no puede ser comparado con ninguna fechoría criminal, por muy calculada que sea". Albert Camus

El primer criminal de la historia de la Humanidad, Caín, lleva en él su propio castigo: la culpabilidad. Esta es tanto el fruto de su remordimiento como el del juicio implacable de Dios, cuyo sexto mandamiento ordena "No matarás".

Caín es un fratricida. Abre el camino a crímenes y asesinatos de toda índole, parricidios, infanticidios, regicidios, genocidios. Porque el mal, introducido en el Edén por sus padres, está en cada hombre.

Eterno castigado y fugitivo, Caín plantea, más allá de la cuestión de la culpabilidad, la del castigo. Dios no le quita la vida. Al mandamiento de Dios y a la gracia que otorga al hijo de Adán, los hombres responden sin embargo con la pena capital.

Victor HugoJustitia© Maisons de Victor Hugo / Roger-Viollet

1791: la muerte igualitaria


Con las Luces, la pena de muerte está muy duramente discutida. Los argumentos abolicionistas de Cesare Beccaria se trasladan a Francia, en 1791, ante la Asamblea Constituyente. En mayo y junio de 1791, Le Peletier de Saint-Fargeau aboga por su abolición, pero, aunque se prohíban las torturas, se mantiene la pena de muerte.

En marzo de 1792, se decide que las ejecuciones se harán por decapitación y que la guillotina, juzgada más segura y menos cruel para el condenado, será la herramienta del suplicio.

AnónimoLe Peletier de Saint Fargeau en su lecho de muerte© Musée Carnavalet / Roger-Viollet

1793: Le Peletier de Saint-Fargeau


El 20 de enero de 1793, tras haber dudado, Le Peletier vota la muerte del rey Luís XVI. Fue asesinado esa misma noche, convirtiéndose en "el primer mártir de la Revolución".

El Terror reina en Francia y las ejecuciones causan estragos. Su número, la violencia del suplicio que separa la cabeza (¿Conserva ésta su conciencia?) del cuerpo (¿Conserva éste una capacidad de acción?), fascinan a los artistas. Como así lo cuenta Alexandre Dumas: "He visto criminales decapitados por el verdugo levantarse sin cabeza de la silla en la que se encontraban sentados, e irse tambaleando, para caer a diez pasos de allí".

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