Félicie de Fauveau. La amazona escultora

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Los comienzos de la Señorita de Fauveau

Félicie de FauveauAutorretrato con galga© Daniel Lindner, 2013
Procedente de una familia ennoblecida en 1740, Félicie de Fauveau aprende pintura, antes de tener la revelación por la escultura en Besançon: una simple entrevista con un fabricante de estatuas religiosas le bastó para afirmar “Y yo también soy escultor”. No se le conoce más formación en dicha profesión.
Tras la muerte de su padre en 1826, la familia se instala en París: su madre mantiene un salón influyente en la calle de La Rochefoucauld, en el corazón del foco artístico de la Nouvelle Athènes (La Nueva Atenas), el taller de Fauveau siendo entonces vecino de aquel del pintor Ary Scheffer. Como sus contemporáneos, lee a Walter Scott, Shakespeare o también Dante. Se dedica, en autodidacta, a estudios profundizados en historia, heráldica y arte medieval, compartiendo sus descubrimientos con su amigo Paul Delaroche.

La carrera de Fauveau pasa entonces a estar en auge, gracias a parientes allegados del rey Carlos X (1824-1830) y a la protección del influyente duque de Duras. Su hija, Félicie de La Rochejaquelein, se hace amiga de la artista: “ambas Félicie” mantienen a partir de entonces una relación fusional que, a pesar de su alejamiento, perdura hasta el fallecimiento de la condesa, en 1883.
Para satisfacer las necesidades de su familia, y sin duda empujada por una profunda aspiración, Fauveau se “profesionaliza”: es la primera mujer escultor en vivir de su arte. Con 26 años de edad, se inicia en el Salón con un golpe maestro: su Cristina de Sueciase gana todos los sufragios y le proporciona una indudable fama. Se le solicita para puertas destinadas al Louvre de Charles X, un tabernáculo para la catedral de Metz (no realizados) y emprende, para el conde de Pourtalès, la Lámpara de San Miguely el Monumento a Dante.
A las vísperas de la Revolución de Julio, Félicie de Fauveau es una prometedora y ya famosa joven artista parisina.

La epopeya vendeana

Félicie de FauveauRetrato de la duquesa de Berry© Musée d'Orsay / Patrice Schmidt
Al estar en la obligación de abdicar Carlos X, en 1830, firmando de este modo el final de la Restauración, el transcurso de la vida de Félicie de Fauveau cambia y se mezcla inextricablemente al de la Historia de Francia. Carlos X nombra como sucesor al duque de Burdeos, pero es el duque de Orléans, dispuesto a transigir con los parlamentarios liberales a quien las Cámaras llaman al poder, convirtiéndole de este modo en Luis Felipe I.
La rama mayor legítima de los Borbones, procedente de Luis XIV, fue destituida, en beneficio de la rama menor. De duque de Burdeos, el pretendiente legitimista Enrique de Artois pasa a ser conde de Chambord, bajo la Monarquía de Julio (1830-1848). Para sus partidarios, como Félicie de Fauveau, siempre será el rey Enrique V.

En 1831, se une en Landebaudière a su amiga la condesa de La Rochejaquelein, cuñada del famoso general monárquico: el castillo de Vendée se convierte en el feudo de los conspiradores. A pesar de los objetos de arte decorativo militantes que produce para sus compañeros de armas, este periodo marca un giro en su carrera: la atípica artista da paso entonces a la fascinante heroína de Vendée.

Descubierta, Fauveau fue encarcelada durante tres meses.
Tras ser absuelta, reanuda brevemente con sus actividades armadas, para apoyar a la duquesa de Berry. Buscada, está obligada al exilio, a partir de 1833. Seguirá estando marcada para siempre por la epopeya vendeana, calificándose de “escudero” al servicio de su “amo”, la condesa de La Rochejaquelein.

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