El impresionismo y la moda

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Difusión y auge de la moda

Stéphane MallarméLa última moda© Collection particulière / Droits réservés
Hombres y mujeres deseosos de seguir la moda pueden consultar la numerosa prensa especializada que difunde y comenta las creaciones de las casas de costura, modistos, sastres, pero también de los grandes almacenes (Le Louvre, Le Bon Marché, La Ville de Saint-Denis…).
Los grandes almacenes, con diversificados lineales, ofrecen en efecto, no solo los elementos útiles para la elaboración de trajes elegantes, sino también vestidos ya realizados de gran calidad y sombreros, cuyo estilo pretende rivalizar con el de los mejores en su ámbito de París (Las Sras. Maugas, Ghys, Roger, Camille...). Estos últimos adoptan el título de “costureros”. En base al modelo de la casa Worth, creada en 1858 y de fama internacional, las casas de alta costura proliferan a lo largo de los años 1875-1885.

El Progreso 363© Collection Musée de la Chemiserie et de l'élégance masculine, Argenton sur Creuse
Un personaje esencial, en la elaboración de los modelos es el dibujante industrial que, de simple delineante para el estampado y el bordado, amplió su ámbito de actuación, en los años 1840-1860 a la confección de ropa para señoras. Proporciona una silueta litografiada del vestido, del abrigo, de la manteleta... que el fabricante o el negociante en tejidos completa con muestras pegadas alrededor.
A partir de estas figurinas, el dibujante puede crear modelos cada vez más complejos que se convierten en verdaderos proyectos que vende entonces a las costureras o a los grandes almacenes y cuya difusión está garantizada por las revistas y los catálogos. De estos dibujantes, los más conocidos son Charles Pilatte, Emile Mille, Etienne Leduc y Léon Sault.

El fenómeno de la moda

Vestido con crinolina© Photo Les Arts Décoratifs, Paris / Jean Tholance
Los vestidos con crinolina están considerados como la perfecta expresión de la moda, bajo el Segundo Imperio. El mercado de la enaguas en acero observa entonces un espectacular desarrollo y genera un número importante de patentes. La blusa y la falda que forman estos vestidos redondos, están en la mayoría de los casos, cortados por separado. Las blusas para la ciudad, llevadas por encima de un corsé y abrochadas por delante, durante la década de 1850, tienen faldones pequeños y mangas acampanadas estilo pagoda.
A partir de 1860, las mangas se van estrechando cada vez más. Las blusas de vestir - para el teatro o el baile - tienen un amplio escote, manguitas cortas y son muy puntiagudas para reducir la cintura.

AnónimoUn vestido negro que lleva el sello de Mme Roger© Photo Gilles Labrosse
Sin embargo, a partir de 1866 aquellas que lanzan la moda desatienden la crinolina, por ser común y demasiado incómoda. Le prefieren los vestidos de cola y los vestidos cortos y remangados que anuncian los puf y los vestidos llamados polonesas. En cuanto a las blusas, van siendo cada vez más cortas. La nueva moda que se desarrolla a partir de 1870, hace hincapié en el arqueado de la cintura y la anchura de la falda recogida por detrás, sostenida por unas enaguas con armazón, el polisón.
Así, tras haber estado ahogada en una voluminosa masa de tejido, la mujer viste de ahora en adelante, con un complejo arreglo de volantes, drapeados y paneles de tejido que combinan encajes, terciopelo, peluche, pasamanería, el busto manteniéndose estrechamente ajustado en un corsé ballena. Esta alargada silueta alcanza su apogeo en los años 1876-1878.

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