Félix Thiollier (1842-1914), fotografías

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Perpetuar el ideal campestre

Félix Thiollier Pastora y rebaño© Musée d'Orsay (dist. RMN) / Patrice Schmidt
Al dejar la ciudad y su profesión de industrial, Thiollier no solo se aproxima a los monumentos y a los paisajes, que se ha fijado como objetivo describir. Al adquirir, en la década de 1870, dos modestas fincas agrícolas – un coto de caza en medio de los estanques de Précivet, y la antigua encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén en Verrières –, se inventa un papel de afincado en el corazón de esta Arcadia amenazada que representa, para él, el campo del Forez.

Marcado por ejemplo de los artistas de Barbizon, de los que colecciona los lienzos, como por sus amigos naturalistas, no se cansará de fijar, con la mirada del pintor, el recuerdo de las formas de vida y de los conocimientos tradicionales.
Un distanciamiento poético es, sin embargo, necesario, para que el duelo mediante la imagen pueda realizarse. Este pasa, preferentemente, por la fiel complicidad de la hija del artista del fotógrafo, que se impone al objetivo, cada vez que se trata de enfocar la intemporalidad de la escena costumbrista campesina.

"Paisajes estilados"

Félix ThiollierPaisaje fluvial© Musée d'Orsay / Patrice Schmidt
Aunque Thiollier no haya esperado el encuentro con Ravier, en 1873, para nutrirse de una ambición paisajística, tener en cuenta la influencia del pintor de Morestel – además fotógrafo desde la década de 1850 – es esencial, para entender su evolución hacia un concepto artístico más asumido, aunque inconfeso, del medio fotográfico.
Fruto de las sesiones dedicadas a "fotograficar" juntos, el parentesco visual declinado en paisajes tanto de otoño, como de invierno que, en la ausencia de cualquier presencia humana, son cuantas variaciones luminosas sobre el puñado de motivos elegidos por el pintor: tranquilos estanques u orillas de riachuelos, siluetas solitarias de árboles muertos, sotobosques o senderos en el campo; todo un repertorio de origen del Dauphinois, acude para estimular la voluntad de Thiollier de alabar la hermosura natural del Forez.

Aunque la riqueza de ésta última ordene en si misma una ampliación a los paisajes fluviales y a los panoramas montañosos, casi siempre otorga el mayor espacio al cielo y al estudio de las nubes, expandido y multiplicado, de forma idónea, por un juego de reflejos en el agua.

Félix Thiollier Paisaje, Forez (Loira)© Musée d'Orsay (dist. RMN)
La gama de los efectos cultivados por Thiollier, aunque esté en parte destinada a transponer el lirismo post-romántico que, en Ravier, pasa por el ardor de los colores y el virtuosismo de la pincelada, constituye sin embargo la marca de una interpretación del paisaje, entregada mediante la perfecta inteligencia de su herramienta de expresión.
Forzando la aproximación con la fotografía artística contemporánea, así mismo su estilo está ante todo caracterizado por la expresividad de los contrastes de valores. Esta preferencia por la naturaleza, reducida a la monocromía, explica en parte una predilección por el paisaje nevado. También es ésta que dirige la búsqueda casi sistemática del contraluz, efecto incluso más indicado para servir una doble tendencia hacia la sintetización del motivo y la teatralización del paisaje.

De hecho, la serena plenitud del pleno día está lejos de inspirar Thiollier, tanto como los ambientes de soledad y de silencio que se instalan en el crepúsculo. Como lo confirman numerosas descripciones de su mano, en ese momento, cuando las sombras se vuelven más dramáticas, el paisaje ejerce sobre él su mayor atracción.

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