Max Ernst "Une semaine de bonté". Los collages originales

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Max ErnstLa risa del gallo 5© Photo Peter Ertl. © ADAGP, Paris 2009
Reacción a los desastres del siglo

En Una semana de bondad, os cuadros y los acontecimientos que se desarrollan a lo largo de las páginas, forman un contraste estridente con el título. Poder, violencia, tortura, asesinato y catástrofes, son sus temas dominantes. Las escenas llenas de agitación y de brutalidad que aparecen en muchos folios han de relacionarse con la situación política alarmante de la época y el incremento de los peligros. Ernst reacciona entonces a la implantación de dictaduras en Europa, a la toma del poder por los nacional socialistas.

A sus preocupaciones contemporáneas se mezclan alegorías, alusiones a la mitología, al Génesis, los cuentos de hadas y las leyendas, pero también fragmentos de sueños y mundos poéticos. La obra también está atravesada por temas muy queridos del autor: la sexualidad, el anticlericalismo, el rechazo de la familia y de la burguesía, el rehúso del patriotismo...


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Max ErnstPrimer poema visible 4© Photo Peter Ertl. © ADAGP, Paris 2009
Parece que al final es una determinada forma de sociedad que quiere denunciar Max Ernst. Sus collages irreverentes reflejan el estado de espíritu de estos hombres que habían regreso traumatizados de la Primera Guerra Mundial (él mismo ha servido en la artillería alemana) y que tenían que recuperar su lugar en una sociedad que hace todo su posible por olvidar los horrores del conflicto. Se ampara de las representaciones convencionales, estereotipadas del mal, de la abyección y del sufrimiento que se encuentra en los periódicos, las revistas, las novelas. Pero transformándolos, asociándolos entre ellos, desvía radicalmente estas imágenes de su mensaje original, intensificando su impacto.
Cabe esperar el final de esta compleja serie para asistir a un regreso en dirección de los motivos oníricos y poéticos, lo que se puede comprender como un himno a la libertad, el sueño, la fantasía y la voluptuosidad de la mirada.

Pero al final, en esta novela visual, sin palabras, el espectador sigue dependiente de su única interpretación. Es él que debe reconstruir un acontecimiento, identificar una historia o intentar dar sentido, hasta quedarse sin aliento.

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