El impresionismo y la moda

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Ver y ser visto

Edouard ManetLa Parisina© Nationalmuseum, Stockholm, Sweden / The Bridgeman Art Library
Para la noche, existe toda una gama de trajes, según las circunstancias y la edad de la mujer.
Un vestido para una cena de gala es diferente de un vestido de baile y un traje para un estreno en la Ópera, no se parece a aquel llevado para las representaciones teatrales de fin de tarde, a las que asisten las mujeres vistiendo un conjunto de ciudad y llevando sombrero.

Los vestidos de cena y de teatro son habitualmente poco escotados y no destapan los hombros, ocultados bajo mangas de tres cuartos, muy adornadas. Estos trajes tienen la característica de ser distintos de cara y de espalda: los paños ajustan la falda por delante, mientras que por detrás se despliega una cola bordada con volantes. A partir de los años 1867-1868, es elegante dejar arrastrar las faldas por el suelo.

Eva GonzalèsUn palco en los Italianos© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
Para los bailes y las veladas en la Ópera, los vestidos son muy escotados y los hombros se dejan desnudos. Los complicados peinados, están decorados con joyas o flores. Estos vestidos son obligatoriamente de seda, pero de una gran variedad, que va del tul y el tarlatán, hasta las pesadas sedas trabajadas y a los terciopelos. Pueden ser lisos, las aplicaciones de lazos, volantes de encaje, ruchados y los plisados proporcionándole un estilo. Pero solo el tejido, por su estampado y su textura, también puede garantizar la originalidad del vestido, ya que además se utilizan a menudo dos tipos de telas, una trabajada y un terciopelo de tonos contrastados o que hace aguas.

Intimidad

Edouard ManetNana© BKP, Berlin, dist. RMN-Grand Palais / Elke Walford
La silueta femenina, en los años 1870, se compone de dos accesorios: el corsé que estrangula la cintura y pone en valor el pecho, y el polisón que sostiene los remangados de las “polonesas” en las caderas.
Para paliar las dolorosas marcas de las ballenas, la mujer viste una primera camisa sin mangas, encima de la que abrocha por delante las ballenas del corsé, antes de apretar los cordones que lo lazan por la espalda, que ata por delante y esconde bajo el grueso corchete cosido en la parte inferior del corsé, para evitar que se suban los cordones y las enaguas. Después se pone un cubrecorsé de lencería.

En las piernas, estira unas medias sujetadas por ligas a nivel de las rodillas. Se coloca un pantalón de lencería, un polisón en crin o ballenas metálicas y, por fin, unas enaguas adornadas con muchas cintas de sujeción y volantes, para sostener la falda.

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