El impresionismo y la moda

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El Paraíso de las Damas

Sombrero Capota© Stéphane Piera / Galliera / Roger-Viollet
Los accesorios funcionales, también llamados de "compostura" - sombrillas, bastones, abanicos-, crean gestos y actitudes. Tanto en invierno, como en verano, los zapatos de noche son de tela a juego con el vestido, de tacón bajo cubierto, siempre escotados y decorados con una roseta o un lazo de encaje y cinta.

Los accesorios funcionales, también llamados de “compostura” - sombrillas, bastones, abanicos-, crean gestos y actitudes. Tanto en invierno, como en verano, los zapatos de noche son de tela a juego con el vestido, de tacón bajo cubierto, siempre escotados y decorados con una roseta o un lazo de encaje y cinta.
Todos estos detalles participan en la elaboración de la imagen de la parisina, que se distingue no por su rango social, sino por la sofisticación de su indumentaria.


El hombre del mundo parisino

Gustave CaillebotteEn un café© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Martine Beck-Coppola
Las elecciones en materia de indumentaria masculina, son singularmente limitadas, durante la segunda mitad del siglo XIX. El color ha desaparecido en beneficio de tonos oscuros lisos, el simple paño ha substituido al terciopelo, seda y brocado.

Además, se adopta la costumbre de utilizar un mismo traje para usos distintos. El hombre del mundo parisino, cuando se quita su bata de estar por casa, vive al compás diario de dos trajes sucesivos: el traje diurno y posteriormente el de noche.

Las líneas generales del traje masculino demuestran una gran estabilidad. La parte superior del cuerpo va ceñida en un chaqué o una levita, ambos siempre oscuros, cruzados o no, y del que puede variar la longitud de los faldones. La chaqueta está reservada a los momentos de ocio. No obstante, en dicha época surge el éxito del gabán, especie de sobretodo corto, que no exige muchas luces, en cuanto a su corte.

James TissotEl Círculo de la rue Royale© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
La gama de tejidos seleccionados para los pantalones, siempre de corte ancho, es más amplia, lo que permite numerosas combinaciones a partir de rayas, cuadros, motivos pata de gallina o pata de gallo. Los pies calzan botines cuya altura de tacón varía, y encima de los que cae, rompiéndose, el pliegue muy poco marcado del pantalón. La cabeza se cubre con un sombrero de copa. Bastón, paraguas y guantes completan el traje del hombre dispuesto a salir. Pero a éste se le juzga sobre todo en base a la pulcritud de los puños y cuello de camisa - recto o rebajado - y por su corbata que conserva una cierta amplitud.

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