El impresionismo y la moda

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Artistas y hombres del mundo

pintura
Gustave CaillebotteCalle de París, día lluvioso© The Art Institute of Chicago. Photography © The Art Institute of Chicago
A partir de 1858, Théophile Gautier va en contra de una categoría de artistas que pretenden que los trajes negros y los gabanes constituían un obstáculo para la creación de obras maestras: "¿A caso nuestro traje es tan feo como lo pretenden? ¿No tiene su significado, poco comprendido desgraciadamente por los artistas, convencidos por las ideas antiguas? Por su corte simple y su color neutro, pone mucho más en valor la cabeza, sede de la inteligencia, y las manos, herramientas del pensamiento o seña de la raza".

Unos cuantos años más tarde, en 1863, Ernest Chesneau proclama a su vez: "Que un gran pintor, uno de la luz, ose atrevidamente la vida moderna, y si de verdad es pintor, si no se burla de su sujeto, si tiene audacia y un poco de genio, hará una obra maestra con nuestros trajes negros, nuestros gabanes." Y Emile Zola felicitó en 1868 a Frédéric Bazille, a propósito de su Reunión de familia, por haber pensado que se podía ser “un artista pintando con levita".
Frédéric Bazille
 (1841-1870)
  Réunion de famille dit aussi Portraits de famille  [Reunión de familia  también llamado Retratos de familia]
 1867
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 152; Anch. 230 cm.
 París, museo de Orsay, adquirido con la participación de Marc Bazille, hermano del artista, 1905
Frédéric Bazille Reunión de familia© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

La tarea obviamente no era fácil. El mismo Zola evocó en La Obra (1886) las angustias del pintor Claude Lantier confrontado con la traducción plástica del chaquetón de terciopelo negro masculino de su gran lienzo titulado "Al aire libre". Por este fracaso, cuantos sorprendentes éxitos: levitas y sombreros de copa en conversación de Degas, soñadores y paseantes de Caillebotte, maridos y amantes atentos de Manet, Monet, Renoir, Bazille que llevan levita o el chaqué con distinción, y cuyas manos saben actuar con naturalidad con el sombrero, el bastón, el paraguas, pero también el puro y el cigarrillo.

 

Placeres del aire libre

Claude Monet
 (1840-1926)
 Femmes au jardin [Mujeres en el jardín]
 Hacia 1866
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 255; Anch. 205 cm.
 París, museo de Orsay
Claude MonetMujeres en el jardín© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
Para los impresionistas la evocación del ocio al aire libre está estrechamente relacionada con el mundo de la moda. Que se trate de parques de la capital, de jardines de las afueras o también del bosque de Fontainebleau, estos espacios son propicios para el despliegue de trajes elegantes, como lo demuestran, en los años 1865-1867 dos grandes manifestaciones de la "nueva pintura" que exaltan la fugitiva belleza de un bello día de verano: El El Almuerzo sobre la hierba y Mujeres en el jardín de Monet.

Una blusa ajustada de cintura alta, una chaqueta con faldones semi largos o también un chaqué "saco" no ajustado, bajan por encima de las faldas con crinolinas que tienden, a mitades de los años 1860, a aplastarse por delante, para mantener solo la anchura por detrás. Las colas, que se adoptan incluso para las escapadas al campo, se remangan mediante un sistema de cordones que deja a la vista las enaguas.
Pierre-Auguste Renoir 
 (1841-1919)
 La balançoire [El columpio]
 1876
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 92; Anch. 73 cm.
 París, museo de Orsay, legado de Gustave Caillebotte, 1893
Pierre-Auguste RenoirEl columpio© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
Rayas más o menos finas, azules o verdes, lunares, sutás de arabescos, arreglos oscuros de ribetes o de pasamanería, proporcionan los principales motivos.

Pero también triunfa el blanco liso. En 1868, Lise Tréhot, la compañera de Renoir, surge de un sotobosque con vestido de muselina blanca, dejando adivinar, por debajo del escote y las mangas, la delicadeza de la carne. Pero la silueta cambia, como lo demuestra el aspecto longilíneo de la joven de Montmartre de El Columpio, que también lleva muselina blanca, pero adornada con lazos de cintas azules. Sin embargo, el traje sigue captando, aunque corriendo el riesgo de verse pulverizado, los juegos de la luz.

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